El anti-ídolo. Ensayo y crítica sobre los ídolos contemporáneos.

Creado: 31/1/2012 | Modificado: 26/3/2014 1581 visitas | Ver todas Añadir comentario



 

Los ídolos son perfectos

Reflexiones sobre la supuesta perfección.

Si les dijera que las cualidades de muchos de los individuos que alberga mi mente permitiría levantar una sociedad incomparablemente más avanzada, respetuosa, culta y saludable  que aquella generada por todo el acervo de ídolos expuestos en este ensayo quizás pecaría de subjetivo, de exagerado o extravagante. Y digo quizás porque para obtener la valoración de la personalidad de un individuo  es necesario establecer a priori una lista de parámetros pertinentes  y la selección de los más notables se presta a larga (y probablemente acalorada) discusión. Sin embargo me permito ahondar en mi supuesta subjetividad haciendo uso de la imagen de mandatarios y ciudadanos de una sociedad que vislumbro en un hipotético futuro para afirmar que me resulta doloroso establecer una comparación con muchos de estas pseudodivinidades del tres al cuarto. Ninguno soportaría una revisión exhaustiva de su fórmula magistral de éxito, de ahí toda esta colección de párrafos para que contemplen el lado “lado oscuro”, el lado invisible del triunfo, el lado reprochable de esa supuesta perfección.

El hecho de obligarles a sufrir el filtro de la Razón Crítica a estos modernos caballeros sin armadura funcionaría del mismo modo que exponer estatuas fabricadas con arcilla a la luz y el calor del astro rey. La consecuencia resulta obvia: se derretirían en menos que canta un gallo. No quedaría uno en pie. Y sin posibilidad de recuperación. La luz meridiana revelaría su verdadero valor, el que pretendía demostrar al principio de este ensayo. ¿Recuerdan? “Nada es lo que parece”.

Y que nos caigan más o menos simpáticos aunque entendible no es un argumento de peso. ¿Acaso podrían a su amigo “tope guay” a dirigir una empresa porque es más dicharachero o chistoso, o a alguien capacitado para ello? ¿Empujarían al Gran Wyoming a participar un partido de liga con la elástica del equipo que patrocina Bwin? ¿Quizás para que aplique la estrategia de la desviación de atención: para que entretenga a los contrarios con sus jerigonzas mientras el Benzemá de turno se hincha a marcar goles? ¿Alguien con dos dedos de frente permitiría que el Chiqulikuatre representara a España en un festival serio de la canción? ¡¿A qué no?!(1) Pues si quieren una sociedad no catalogable como “de risa”, al menos que no lo sea ¡todo el tiempo!, lógicamente deben apoyar a gente que preocupe de su buen funcionamiento no arrancarles todos los utensilios para tal fin y ofrecérselo a los más “guays” de la clase, esos que siempre presumen de hacer novillos y pasarse mañana y tarde retozando con una pelota entre los pies (o manos), a mostrar partes pudendas de su cuerpo o a salvar el mundo de mentirijillas en la pequeña o gran pantalla. Tipos que no se enteran de nada relacionado con asuntos serios y además luego desperdician sus sueldos en memeces y chorradas salvo cuando les aparece la vena responsable, que no es muy a menudo. Al menos podríamos debatir un reparto un poco menos desquiciante. Y en cuanto a los políticos, si estos nos defraudan habrá que instaurar alguna nueva institución o cargo social con poderes. Si consienten todo eso, sufrirán las consecuencias, no lo duden. Ya las están sufriendo, mucho más todavía de lo que ustedes creen.

(1) ¿O sí?

Pero qué importa, se merecen todos los privilegios, títulos de toda índole relacionados o no con su especialidad incluso doctorados honoris causa(2) y nobiliarios, calificativos grandilocuentes, burradas de millones,  instalaciones grandiosas para su goce y disfrute, miles de industrias echando humo para confeccionarles nuevas herramientas o equipaje, e incluso el súmmum denominador de “criaturas sin defectos”.


El capitalismo nos ofrece su producto estrella, la exquisitez, el refinamiento, la magnificencia, en una palabra, la “perfección” trasladada al ser humano de orden superior. Habitantes del tercer planeta del sistema solar, ya saben todos en quién y qué deben fijarse,  limpien sus casas de esos objetos extraños apilados en sus estanterías, con títulos indigeribles y plagados de hojas rellenas de caracteres minúsculos no aptos para miopes y sustitúyanlos, convengan un espacio en su salón para acomodar la presencia de un gigantesco balón (o televisor). Sigan los dictámenes de las instancias superiores, arrodíllense ante él diariamente o abrácenlo (con brazos y pies si es necesario) y ofrézcanle sus plegarias. Les purificará el alma. La inmortalidad a un paso. Ya de paso (valga la redundancia), si le añaden al aparato cuatro salidas cuatro potentes altavoces y la guinda de los subwoofers, quizás recluten a sus todavía reluctantes vecinos.

En fin, ¿lo próximo que será? ¿Linchar a sus detractores en una plaza pública, no sea que estos divos rimbombantes se enerven o suelten una lagrimita? ¿Acallar todas las voces cual dictadura de Pinochet? ¿Acaso dudan de que el Capitalismo no es más que una dictadura encubierta? Cuando empiezas a cuestionarla, a desvelar sus múltiples defectos de concepción y desarrollo, cuando empiezas a sacudirte de las garras de su influencia, miles de martillos te golpean de nuevo hacia sus entrañas. Supongo que les suena la frase: “Clavo que sobresale recibe martillazo”

La libertad que nos ofrecen la constituye la longitud de nuestras cadenas. Aquellos de mayores sueldos sólo arrastran cadenas más largas. ¿Constituyen estos ideales los “modelos perfectos” para una sociedad avanzada o mas bien
representan una artimaña perpetrada por un sistema que sólo propone soluciones artificiales a los problemas esenciales que atañen a todos y cada uno de los individuos?

¿Asunto serio o “broma/trama perfecta”? La trama perfecta, aquella maquinada conjuración que a cambio de la esperanza de una futuro mejor nos reduce a transitar torpemente por los mismos viaductos, desorientados, esperando que alguien nos aconseje que camino tomar. La “broma perfecta” o aquel chiste, truco, juego o sarcasmo que nos nos provoca una sonrisa, nos deleita a ratos, pero cuando la partida termina, las risas vencen y despertamos abruptamente sobre las frías baldosas de la realidad, nos damos cuenta de que nada ha cambiado. Que todo fue un sueño.

La misión de un arquetipo de un ídolo perfecto será canalizar las energías de todos sus acólitos para ayudarles a labrar un destino acorde a sus posibilidades, que no necesariamente será el que primeramente crean como más deseado o el que una instancia superior trate de implantarles en su cerebro; debe enseñarles a razonar de manera eficiente y no a considerar ninguna verdad como dogma de fe, por tanto incluso las propias enseñanzas del maestro deben ser puestas en duda por un aprendiz de nivel avanzado. Como resultado los alumnos del maestro perfecto terminarán por valerse por sí mismos, caminarán solos, sin muletas, en pos de grandes ideales.

Aquel que secunde la idea de alentar a cualquier ídolo sin antes preguntarse si está obrando correctamente, debería considerar la idea “peligrosa” de patrocinar un ideal sectario. Las sectas, por si no lo saben, suelen presentar algunas de estas características: cánticos pseudo-religiosos, adoración reiterativa al ídolo de turno, una ideología cuyas reglas son de fácil comprensión, ofrenda de dinero y atención periódica, transmisión de sus creencias a amigos, hijos, familiares, negación de realidades que se opongan a su fe, atuendo específico que los diferencie de los demás ( o sagrada devoción por "los colores"), dependencia y sumisión, repulsión hacia otros modelos de comportamiento que se presenten como opositores al establecido por la secta, etc.

Esas enseñanzas son justo lo contrario que las que proponen en este ensayo. Debe usted aprender a pensar por sí solo y no dejarse hipnotizar por los cantos de sirena.

No debemos ser tan dadivosos, tan desprendidos y alegres con nuestros héroes, si no mucho más exigentes. Nos merecemos la mejor vida posible, y ellos deben estar ahí para asistirnos, no sólo para acrecentar su propio ego a nuestra costa. Eso no es un héroe humano si no artificial, un producto, un artículo, una cosa prefabricada.

Hacedme más grande o apartaos de mi camino.

Ya no creo en las reglas de este amañado juego (sociedad), este tablero (modo de vida) o este juego de piezas (ídolos). Un día, decepcionado (hace más de 15 años), recuerdo en que todas las piezas del imaginario tablero saltaron por los aires a causa de un violento manotazo.

Mis antiguas referencias
han volado por los aires. Siento como si poco a poco escapara del rebaño. Ni siquiera sé adonde me dirijo, pero en absoluto me siento solo, afortunadamente, mi capacidad para relacionarme con otros seres humanos me ha sido concedido como un don), soy joven, albergo fuertes convicciones y dispongo de tiempo libre. De algún modo que todavía desconozco, crearé mi propio juego, ensamblaré nuevas piezas (referentes), compondré nuevas reglas, y finalmente conseguiré algo grande si no válido para la humanidad, al menos sí válido y  de utilidad para mí mismo. Mi vida, la única que tengo, siento que es un regalo del cielo y prefiero morir arriesgándome, porfiando por un futuro más elaborado, de mi propia cosecha, antes que que arrastrarme como un borrego hacia un destino vulgar y corriente, el que todos suponen es el que merezco. Algo dentro de mí me pide que desafíe toda regla, a todo ídolo. Me siento como un aventurero en pos de un gran tesoro, el tesoro del Conocimiento. Desde estos mismos instantes, ídolo que no me ayude a crecer, ídolo que terminará arrugado como una bola de papel. Ese rol de gregario, de chico sumiso, obediente y adaptado ha finalizado. Antes prefiero la aspiración de héroe fracasado antes que la de una simple copia sin ideas propias ni atisbo de originalidad. Si tengo que derribar a todos esos ídolos y poner la sociedad patas arriba, lo haré. Al tiempo. Desde hoy las únicas limitaciones son las que yo mismo me impondré y no permitiré que nadie se atreva a decirme lo que puedo o no puedo hacer.

Llegados a este punto, no nos corresponde poner en duda la validez y vigencia de nuestros afamados consejeros, ya dudamos de ellos. Ahora nos queda crear un nuevo modelo de educación y erigir ídolos más poderosos, que sí se preocupen de nosotros, que nos lleven en volandas hasta cimas más altas donde podamos contemplar la Belleza en toda su magnitud.
 





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