El anti-ídolo. Ensayo y crítica sobre los ídolos contemporáneos.

Creado: 31/1/2012 | Modificado: 20/3/2014 1533 visitas | Ver todas Añadir comentario



 

El náufrago y el raciocinio.

En este mundo, el príncipe materialista es capitán de un enorme transatlántico que lleva a su cargo una tripulación de miles de personas. El ejemplo disidente, el náufrago, viaja en una balsa construida de manera artesanal con juncos, con un viejo mantel que hace de vela, sin posesión de brújula alguna y a merced del viento y de su singular instinto. Lo raro es que sobreviva. “¡Eh, los del barco!”, grita al divisar el enorme bajel. Muy a su pesar, el transatlántico nunca socorrería a un personaje tan sui géneris: preferiría su capitán pasarle por encima antes que detenerse y prestarle auxilio. Normal, dicho sujeto sería considerado poco más que escoria, un puto náufrago viajando en una balsa de mierda, que no lleva el distintivo de ninguna marca prestigiosa conocida (¡ande se ha visto eso!) y por si fuera poco además el tipejo luce taparrabos, ¿quién demonios va a reclamar al “matao” este si hasta su madre lo ha dejado por imposible? Apuesto a que dice “cosas raras” o se expresa de forma ininteligible. A ver si lo van a rescatar y este les contagia algún virus extraño como el del raciocinio.

A propósito de este virus, podemos calificarlo como una de las amenazas más terribles y temidas en la sociedad vigente. El grado de terribilidad de esta plaga es tal que una vez transmitido, los “enfermos” se trastornan, se vuelven “locos de remate”, de tal modo que deciden que ya no desean curarse, que no desean “volver a la normalidad”, ¿se lo pueden creer? Y aun apartados de las muchedumbres, y aunque se les trata de “extraños” y se los desdeña. Ellos, sin embargo,  prefieren mantener su  flamante y supuestamente lúcido estado al anterior (incluso algunos, créanlo o no, prefieren navegar en un bote ellos solitos antes que compartir camarote con alguna superdiosa de la farándula). Inconcebible.

La gente se compadece de ellos, los mira con recelo. Afortunadamente, como dije antes, este virus sólo se encuentra localizado en ciertas áreas del planeta (dicen que se da especialmente en unos lugares llamados universidades, pero esta teoría permanece indemostrada). Dicha plaga es casi casi tan rara como los chistes de Chiquito de la Calzada (jorl), que ya es decir. Sin embargo, confirman algunos expertos, que existe un remedio altamente eficaz. La pócima sanadora consiste en atar a los enfermos a una silla y proyectarles alguna película moderna, como la de Torrente (cuanto más alto el número de la secuela más efectiva la “radiación” sanadora). Parece que frotar vigorosamente el cerebro de los afectados con una brebaje preparado a partir de “salsa rosa” también es un remedio eficiente. Pero cuidado, tal rutina no surte efecto de manera inmediata, es necesario repetir el proceso una y otra vez hasta la extenuación, con el complemento, a ser posible, de un ambiente de fondo de música bakalao o el acompañamiento de alguna voz experta de algún componente de OT como el señor Bisbal (que como todos sabemos también ganó el mundial), eso además de emitirles partidos de fútbol a porrillo (que sí, que el futbol es un remedio para todos los males, o para todos los “bienes” según se mire). Así recobran gradualmente la conciencia y se vuelven “normales”. El inconveniente es que hay que cogerlos a traición si no se dejan. ¡Cómo gritan los malditos! Una vez curados, el médico se siente reconfortado de haber hecho bien su trabajo: “Ale, majo, vuelve al redil”.

Afortunadamente esta plaga, que produce auténtico pánico en la población, se encuentra en  extinción. Claro, el remedio curativo, se distribuye diariamente por todos los canales posibles (léase medios audiovisuales). En el improbable caso de que individuo se viera atacado por semejante toxina invasora de la mente, sólo sería por un corto período de tiempo.  

En resumidas cuentas, mejor que el infortunado pordiosero se las apañe solo, que se pierda en la inmensidad del océano y no moleste a la gente “normal”. Si se lo traga una ola tampoco se pierde nada. Además, en el transatlántico están siempre de parranda y del exterior nadie se entera de nada, cada uno vive en su particular y psicodélico mundo interior. Por eso, lo normal (y lo malo, o lo bueno que yo ya confundo estos términos) es que le aplasten. No hay problema: nada se pierde. Que siga la fiesta. “¡No pares, sigue, sigue, lalala!

PD: según mis últimas noticias, una bella doncella que paseaba por cubierta por casualidad acertó a enfocar al mendigo navegante con sus lujosos prismáticos de alcance 8x20 para apostillar “Es feo de cojones y seguro que huele mal, así que mejor no lo rescatamos o me quejo al capitán. Ay, ay que me da un soponcio, me mareo… uy no no puedo caerme que estropearé mi vestido de Armani…”. Sus deseos se verán cumplidos, "bella" doncella.

Sería prima de la Hilton. Hay que hacer caso a los famosos, ellos siempre saben lo que dicen.

PD: ya que soy el autor de esta extraña historia, se me había ocurrido una idea bastante malvada: proyectar una ola gigantesca que, salida de la nada, se aproximase al barco gran velocidad y a punto de romperse sobre la cubierta del barco se desvaneciera. Toda la tripulación se llevaría un susto de muerte. No tengo muy claro aún de por qué la he desechado.

Nota final:
Yo, aunque me pese, lo reconozco, admito estar gravemente afectado por ese tremendo azote de la humanidad llamando comúnmente raciocinio (o racionalidad), que infesta las vidas de sólo (afortunadamente) unas cuantas personas las cuales sufren de síntomas tales como pensamientos exóticos y perturbadores, lecturas compulsivas de autores excéntricos o escritos sin sentido que nadie parece entender. Lamentablemente, según he podido averiguar parece que conmigo "no hay vuelta atrás". Estoy condenado. No se me puede curar ya. Este cáncer se encuentra en estado avanzado infectando todo mi organismo. Tendré que vivir (o sobrevivir) con ello. Espero que la gente sea benevolente conmigo y no me señale con el dedo ("¡Eso te pasa por pensar tanto!"). Joer, no todos tenemos la suerte de estar tan sanos. Pero ustedes no se preocupen, las altas instancias trabajan intensamente, noche y día, gastando ingentes cantidades de dinero, para que en un futuro próximo nos veamos liberados para siempre de este tormento.  Tengamos fe, seamos optimistas, los infectados son cada vez menos. En unos pocos años, y con su colaboración y beneplácito, ¡no quedará ni uno! ¡Ese día seremos auténticamente unos autómatas esclavizados sin voz ni voto libres! ¡Viva!

Por cierto, si ven a uno... ¡corran, corran como si les persiguiera un toro embolao o un gremlin mojao!

Y, ahora, discúlpenme, ejem, me voy de nuevo al cuarto de la risa.





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