El anti-ídolo. Ensayo y crítica sobre los ídolos contemporáneos.

Creado: 31/1/2012 | Modificado: 19/3/2014 1368 visitas | Ver todas Añadir comentario



 

Héroes materialistas y no materialistas. Cruel ironía.

Duendes malos

En un futuro no muy lejano, un nuevo tipo de ídolo será engendrado, no será humano, mas bien conceptual: virtual (1) u holograma. No importa, sé que lo ensalzaremos del mismo modo, es decir de manera desmesurada (como tanto nos gusta hacer), porque la verdad es que nosotros con tal de pasar un buen rato, la verdad o la mentira, la vida o la muerte, el terrorismo, las desigualdades sociales o cualquier suceso negativo nos la traen “al pairo”, siempre claro que no nos afecten en nuestras carnes. Si llega a darse tal sufrida coyuntura, la película cambia y entendemos como justo el utilizar el doble rasero. Así nos sometemos a un cambio radical de actitud: empezamos a quejarnos a lágrima viva y buscamos ayuda desesperada. ¡Y no entendemos cómo nadie nos echa un cable o escucha nuestras plegarias! “¡¿Por qué son tan poco solidarios los demás?!” Quizás, por el mismo motivo que nosotros tampoco demostrábamos semejante talante antes de nuestra personal desventura. Ni más ni menos. Antes no queremos hacer nada por nadie. Después que todo el mundo venga a consolarnos. Claro, sí, ¡es de cajón!

(1)
Como Webbie Tookay, una de las primeras modelos virtuales. No es de carne ni hueso, es sólo un concepto virtual pero que cumplirá su cometido igual que una modelo real, apareciendo en sesiones de fotos o en desfiles en Internet. Funciona como una Top Model, aunque tiene un carácter más dócil y manipulable, al gusto de la empresa propietaria. Útil para promocionar productos sin descanso ya que Webbie nunca llega tarde, ni se cansa, ni se pirra por las dietas de 100 calorías, ni requiere atención especial ni menos aún necesita tres horas para retocarse las cejas. Tampoco pide aumentos de sueldo. Además se puede modificar su imagen al gusto sin que esta presente queja alguna. A esta Webbie le da todo igual. Esta Webbie es gloria bendita, caída como maná electrónico de los cielos informáticos.

Y así por obra y gracia de nuestra insobornable despreocupación e ingenuidad supina  ocurrirá que los conflictos, las enfermedades, preocupaciones, infelicidad o la impotencia algún día como duendes malditos vendrán con una gran sonrisa a darnos los “buenos días, tardes y noches”. Vendrán a por a nosotros a recordarnos que somos sustancia humana. Y sólo los inteligentes previsores habrán resuelto poner un un triple candado para que aquellos feos monstruos pasen de largo y acaben hostigando a las cigarras de la historia, esas que corretean desnudas a la intemperie porque sólo quieren como los Hombres G(ays?), “¡Pasárselo bien!”.

Periodistas


Cambiando un poco de tema, y desplazándonos al cuarto de las divagaciones, se me ocurre pensar que un día para informar en la televisión ya no será necesaria presentar el título de periodismo. No. Como mucho, saber vocalizar y leer mensajes de una pantalla. Si eres mujer como primer requisito, ser visiblemente atractiva (léase guapa de cojones o si no te jodes y te vas a la radio, o al menos te operas las tetas que a nosotros nos gustan grandes o eso dicen las revistas que decimos aunque a mí nunca me preguntaron). O no sé quizás, besar a un futbolista a hora de audiencia punta. Si no es planificado mejor.  Relacionarse con un deportista de élite, cantante o empresario es un puntazo, tía. No lo vayas a hacer con un escritor o perteneciente a una especie semejante, primero porque están en extinción, segundo porque igual te miran mal, y tercero porque seguramente te exigirá que tengas cerebro y si quieres salir en los medios, como la tele ya sabrás o deberías que tratar temas intelectuales es generalmente contradictorio y antagonista, aunque afortunadamente existen algunas honrosas excepciones. Vamos, yo recuerdo ver un capítulo del Gran Hermano, ese en el que Mercedes Milá(2) afirmaba que “los concursantes del Gran Hermano son más inteligentes que la media de la población”. Todavía sigo petrificado. Se me despegó un kilo de masa cerebral, se cayó al suelo de la conmoción, tuve que recogerla con cuidadín (¡jor!) y volverla a ponerla en el sitio con el superglue, ese que lo pega todo. Mira que he visto poco ese espantajo de programa pero parece que me tocó un buen día. Ya no más. Dos programas más y acabo ingresado en la UVI por infarto cerebral. Ahora me acerco al cacharro ese con mucho tiento. Y anuncios los justos, que no pienso alargarme el pene que ya lo… En fin, que seguro que Mercedes gana una pasta gansa dirigiendo tal bodrio de programa.

(2) Acaban de informarme (juro por Pocholo y la bruja Lola que esto es cierto), que Mercedes Milá continúa ejerciendo como presentadora en el “Gran Marrano”. No lo sabía. Patidifuso me quedo. Me ha salido otra cana del disgusto. La cosa como era de esperar sigue empeorando. La industria de la frivolidad nos engullirá a todos tarde o temprano, como una ballena azul al plancton marino. El vigor de su metástasis invadirá nuestros cuerpos y nuestras mentes. Estamos acabados. Sin salida. Antes, la asociación de personajes de periodismo serio con bazofias televisivas era impensable, hoy en día se torna moneda común. Voy a construirme un búnker en el sótano. ¡No podrán conmigo! ¡Vade retro! ¡Responderé con mi ejército de furiosos y armados teleñecos!

Otro inciso. Si lo sé me apunto a la carrera de periodismo, es la ostia tú, todas las tías están  buenas, empezando por las que protagonizan los informativos y siguiendo por los que presentan todos los demás programas. Ejem, disculpen el arranque coloquial y “testoronil”. La pura verdad es que veo poco la tele y no me importa demasiado quien tome la voz cantante en los programas televisivos. Y, por cierto, dudo mucho que cuanto más guapa mejor periodista o presentadora sea. Lo que no dudo es que en televisión es más importante la imagen o comunicación visual que la comunicación verbal. Próximamente presentadoras en bikini. Al final la imagen se convertirá en reina sin discusión y los noticieros (el sonido de fondo) un mero aderezo para enaltecer todavía más la belleza de la lozana presentadora.






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