El anti-ídolo. Ensayo y crítica sobre los ídolos contemporáneos.

Creado: 31/1/2012 | Modificado: 3/4/2014 1347 visitas | Ver todas Añadir comentario



 

Ídolos estandarte contra trastornos, enfermedades y problemas sociales. Segunda parte.

Resumen “poco solidario”:

Q
ue una estrella del firmamento de famosos interrumpa su periplo nirvánico y descienda de su concertado limbo reservado para iconos mesiánicos para honrarnos con su tupé brillantinado o incluso que se rasque el fondo de su bolsillo hasta que le sangren las uñas y ofrezca un buen fajo de billetes a una causa humanitaria es loable, digno de mención y todo lo que usted quiera, pero eso sólo provocará que sus seguidores tengan más motivos (¡si cabe!) para imitarlos, lo cual y aquí encontramos la obvia contradicción: aquellos repetirán las pautas desempeñadas por sus queridos ángeles de la guarda, o que es lo mismo matarse a entrenar, matarse a jugar (actuar, etc) y no en absoluto esmerarse en el estudio de manuales o documentos que versen sobre los problemas que aquellos se supone defienden, ni mucho menos adherirse a sus causas laborando en trabajos de campo.

Las consecuencias derivadas de este planteamiento resultan apabullantes: ni aun médicos con 20 años de investigación a sus espaldas o expertos eruditos en estas lides alcanzarán la popularidad o los requisitos necesarios siquiera para erigirse como candidatos para representar la lucha que estos pipiolos defienden sin presentar una mísera credencial que les haga valedores de tal privilegio. Los primeros, nuestros héroes cotidianos, matarán dos pájaros de un tiro: ya son héroes y ahora solidarios, es decir,  recibirán la atribución de grandes personas. Los otros no matarán ni a un rinoceronte con un bazooka. Ni ídolos ni multitudinariamente reconocidos ni grandes ni famosos ni probablemente ricos. ¿Y si salvan cientos vidas? Como si recogen mariposas silvestres. Como decía la frase famosa: “Todo para unos, nada para todos”. Bueno, quizás la he modificado un poco.

Además, con respecto al dinero ofrendado, una buena suma puede constituir 1% del salario mensual del protagonista del anuncio. Mérito comparable al de una persona de clase media-baja que donara 100 euros en un repentino arranque de generosidad. Con la diferencia de que a este último individuo el hecho de ofrendar esa pequeña suma podría desestabilizar su ya de por sí precaria economía doméstica. Ya saben, “esta semana nos quedamos sin jamón serrano, deberemos conformarnos con el chóped”. Este último sujeto sin duda merece un mayor reconocimiento. Vayamos corriendo a buscarlo para agradecérselo.

Érase una vez un niño travieso al que no le apasionaba estudiar y se pasaba el día retozando y haciendo malabarismos con un balón en los pies. Su padre nunca le puso trabas aunque le instaba a hincar los codos. Al infante, más tozudo que una mula, no le interesaban aprender en la escuela más que lo estrictamente necesario, ni quiso jamás comprender ni analizar conceptos complicados por considerarlos un "auténtico tostón". Su mayor sueño era convertirse en un gran jugador y ser aclamado por miles de personas.

Érase la misma vez otro niño al que le encantaba jugar, pero también estudiar y mostraba una sensibilidad y empatía especial.

15 años después el primero siguió con su rutina pelotera hasta lograr un notable reconocimiento como deportista de alto nivel. Dicho sujeto no llegó a terminar el bachillerato, la fama sin embargo compensa con creces su falta de cultura y habilidades intelectuales.

El segundo no alcanzó la profesionalidad deportiva entre otras cosas porque prefirió optar por la segunda opción, la académica, y así fue honrado con títulos y galardones en la lucha contra las enfermedades, como causa paliativa de la desnutrición infantil en otras latitudes. Al primero le vemos hoy en televisión defendiendo ambas causas, la de los juegos y las solidarias. Al segundo ni siquiera le preguntaron su nombre. Nunca tuvo opción. Probablemente hoy día nadie le reconocerá como figura destacada salvo los miembros de su entorno. Moraleja: (escríbanla ustedes). Ayuda: al primero lo adoramos, al segundo lo ignoramos completamente.

PD: en otra ocasión les cuento mi propia historia. Sólo un pequeño resumen: en mi largo y laborioso periplo de acumular conocimientos "globales" para aspirar al propósito de Pensar en el mundo como un Todo, he tenido, en comparación, la millonésima parte de ayuda de la sociedad (por no decir una espantosa oposición) que la que tuve para desarrollarme como un futbolista (de mediocre nivel) o como un informático "decente". Quizás es que se considera un millón de veces más necesario y útil para la sociedad un vulgar pateapelotas de pueblo que cualquier "pensador cosmopolita" avispado. ¿Debe ser quizás que la sociedad propugna la emancipación de los primeros y la demolición de los segundos? A mí esta revelación me parece terrorífica. Por cierto, todavía no he "salido del armario". Mi particular opinión: preferí recluirme y obrar en soledad porque en caso contrario sé con certeza que no me dejarían plantear un proyecto de estas características y tender un pulso a esta decadente e histriónica sociedad plagada de ridículos modelos de comportamiento.

Alejado del mundanal ruido y de la cháchara propagandística, he sentido emociones más intensas que inmerso en todos los berenjenales que se me ofrecen ahí fuera. Derribados los ídolos, sólo quedas tú y un horizonte infinito de belleza por descubrir. Ahora, ya no necesito ninguna influencia externa para sentirme grande, sólo experimentar las emociones que te ofrece una vida plena y disfrutar del privilegio de una Independencia Ideológica ganada a pulso con los años. Ninguna de las palabras escritas en este ensayo se lo debo a estos personajes, ni tampoco a la educación reglada. Más le debo al valor de apartarlos de mi camino que al hecho de seguir sus "sabios" consejos.



Segunda parte

Por si todo los anteriores párrafos no fueran suficiente argumento, se me ocurre pensar que ese acto de solidaridad debería constituir una obligación para todo cabecilla de grupo. ¿Acaso es posible imaginar a estos potentados como testigos de las miserias que se abaten a su alrededor sin que muestren una mínima decencia, sensibilidad o agallas para ocupar un rato al día de su tiempo reflexionando en cómo contribuir para elevar el estatus de sus seguidores? En ese caso, no sólo no los consideraría como referentes aptos, mas bien me costaría catalogarlos como personas con un mínimo de piedad. Ellos, tan ricos, y en una situación tan privilegiada, únicamente preocupándose de promocionar artículos o fardar de nuevas y caras adquisiciones materiales. Otros, por cierto, no tienen problemas en despedir a miles de trabajadores para luego embolsarse una suculenta prima por su "excelente trabajo". El comité de empresa le aplaudirá a rabiar y las acciones en bolsa subirán como la espuma.

¿Lo máximo a lo que aspira nuestro ídolo es a mostrar su rostro para participar en una campaña anti-algo? Impresionante aportación. Igual asiste a la grabación del spot con legañas y con cara de pocos amigos porque se le ha despertado demasiado temprano. ¿Es esta una plausible aportación: presentarse como voluntario, pronunciar cuatro palabras y entregar calderilla? Si es así, creo que una decisión acertada consistiría en relevar algunos de estos personajes, al menos los más egoístas, por un cencerro como paradigma de utilidad. No perderíamos mucho. ¿Qué hay de malo en adorar un cencerro? ¿No existe acaso libertad de culto? ¿De verdad creen por un momento que todos esos cientos de miles de millones, es decir ese enorme potencial económico, o lo que es lo mismo, ese grandioso poder, se encuentra en las mejores manos? Algunos de estos cuando se les habla de miseria se afligen de tal modo que para paliar su tristeza acuden al concesionario a adquirir un nuevo carrazo de 500 CV.

¿Acaso no cree que también nos podemos “entrenar” en gestionar nuestro dinero para aliviar cargas sociales y además enriquecernos tanto espiritual como económicamente? Sé que hay pocas universidades que impartan esa controvertida asignatura, pero les aseguro que la tarea es factible. Pero claro,  ya entiendo, el todopoderoso pelotero no necesita reflexionar sobre nada en especial salvo en cómo afrontar el próximo partido. En el caso hipotético de que se diera semejante paradoja cuántica en el curvado espacio-tiempo, la repercusión de la generación espontánea de esa singularidad cósmica podría ser tan devastadora como una disminución del rendimiento del 1% de nuestro querido atleta. Tamaño perjuicio no se puede consentir de ninguna de las maneras (si usted se considera un buen aficionado comprobará que no miento). Prohibido pensar pues. Mejor que se quede en casita durmiendo plácidamente sus diez, doce o catorce horas diarias. Ya juega, ya es un dios, ¿para qué esforzarse más? ¿para qué exprimirse la mollera? No necesita mover un dedo, puede tranquilamente guarecerse en su mansión y dedicarse a rascarse los huevos el ombligo. Ok, no hay problema, ya nos encargaremos todos los demás de los “asuntos serios”. ¡Oh, pero vaya, si a los demás tampoco nos (les) importa! ¿A quien le pasamos pues la patata caliente? ¿A los empresarios? ¡Ja! ¡A los políticos! Oh, vaya pero si a los pol… Mm, creo que he entrado en un bucle sin retorno. En fin, ustedes ya me entienden. ¡Así va el mundo!

Supongo que también saben que algunos ricos utilizan estos acontecimientos para lavar su imagen. Eso queda de cine.

Frases sobre popularidad, reputación y protocolo.

La caridad multiplica la fama, eleva tu reputación y te adecenta como individuo… siempre que sea retransmitida, si no ¡es absurdo ser caritativo!
Experto en marketing.
Un buen coche, unas buenas palabras, una gran sonrisa e incluso un buen chiste. Y una hermosa mujer. Apariencia, diligencia, humor y belleza. Todo eso atrae las masas. Y nunca cuentes una verdad que suene mal.
Experto en relaciones sociales.
En este mundo de locos, uno aprende que es preferible adornar una mentira con una sonrisa que esbozar un atisbo de verdad con el rostro circunspecto. La mayor verdad es la que mejor luce en un escenario.
Experto en relaciones sociales.
Mi consejo: tírate a un famoso, sea el que sea. Luego haz que se entere todo el mundo.
Experta en relaciones sociales.

/Modo ironic ON/
-Es triste ver esta sociedad tan enferma y plagada de conflictos: crisis económica, hambruna, polución, calentamiento global, diferencias abismales entre ricos y pobres, explotación infantil, machismo, corrupción, falta de valores, etc. ¿Cuál podría ser una solución?
-Bah, no sé, crear más campos de fútbol o basket para que así surjan más benefactores deportistas y ofrezcan más dinero para que se arregle todo.
- Claro, qué “listo” eres, no se me había ocurrido.
/Modo ironic OFF/

Poner parches es como llamo yo a esta forma de proceder. O utilizar la táctica del avestruz: meter la cabeza en un hoyo y esperar que pase el temporal. No queremos pensar, y mucho menos estrujarnos el cerebro para dilucidar siquiera cómo organizar nuestro barrio. Si me apuran, creo que no nos ponemos de acuerdo ni en las reuniones de vecinos, ¿me equivoco? En otras palabras, ¿cómo vamos a reflexionar sobre grandes cuestiones mundiales, si ni siquiera somos capaces de resolver nuestros propios problemas, nimios en comparación?
Ahí queda eso.

Ya le anticipo, que sí es posible. Con la cultura del enfrentamiento.
 






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