El anti-ídolo. Ensayo y crítica sobre los ídolos contemporáneos.

Creado: 31/1/2012 | Modificado: 24/4/2012 1344 visitas | Ver todas Añadir comentario



 

Crítica a otro de los ídolos de nuestro tiempo: el tabaco.

El rey del marketing viral.

Don Cigarro, sépanlo, es el rey del marketing viral. Allá donde va suelta un tufo zizagueante y autorregulado que recorre el ambiente en busca de un organismo al que abducir, del que alimentarse. La verdad es que Don Cigarrito es el paradigma de empresario triunfador, tiene millones de acérrimos defensores y representantes en todos los lugares del planeta. No hay rincón del mundo donde no haya un inteligente y avispado humano que desee dañarse el organismo de una forma u otra. Parece que se implanta de serie en nues… en los genes de muchos de los individuos calificados como sapiens (o sabihondos, o sea de esos que saben lo que hacen). Curiosamente, los animales no son tan "listos" y ninguno de ellos parece tentado por semejante vicio. Será que en su ámbito no existen las máquinas expendedoras.

Fustigarse es un placer. A Don Cigarrito no se le puede contradecir, es un tío culto y con gran historia a sus espaldas, en caso de polémica nos suelta sus conocimientos de historia alegando que el hábito del tabaco ya se sembraba hace 5000 años, aunque no fuera hasta la época del Cristóbal Colón (ese señor que dicen descubrió América antes que los vikingos se pasearan por allí con su cara de perro rabioso) cuando empezó a popularizarse,
 
Este hábito funciona como un virus que necesita reproducirse cual vulgar célula orgánica. El afectado sin querer (o queriendo) habrá contagiado al familiar o hijo o amigo más cercano para que así este, pobrecito de él, retome el hereditario y masoquista proceso y de nuevo desembolse más y más dinero. Porque este hábito merece un desembolso de dinero continuo, ¿mm, lo había mencionado? Llegado a este punto, podemos lanzar al aire una conjetura en la que creo coincidiremos: si fumar fuera un acto solidario y beneficioso para el individuo o para la humanidad, no lo consumiría ni el tonto del pueblo. Si aconteciera tal extraño suceso, los habitantes del pueblo (o ciudad) se reiría del pobre Forrest Gump de turno. La clave estriba en que somos individuos paridos y adiestrados de forma sectaria dentro de un organización cerrada donde prima el culto al objeto y claro en muchos casos se nos antoja más invertir en matarnos antes que ayudar al prójimo o incluso a nosotros mismos. Si no somos solidarios ni con nuestras neuronas o células vamos a serlo con otro ser humano que vive a una distancia superior a un metro. ¡Venga ya! Imposible. ¡Un buen y adaptado capitalista no hace eso! Y todos los individuos adscritos a este casino de luces queremos que nos acepten como “normales” sea como sea (menos yo claro, viendo las actitudes de los individuos de esta avanzada sociedad he decidido que, al menos en muchos aspectos de la vida, prefiero no ser normal, así me apunten con un misil Scud a la cabeza). Si fumar nos convierte en tipos más normales y amoldados a las normas bienvenido sea el sacrificio.

Prohibición de fumar en espacios cerrados.

El gobierno español en 2010 introdujo una ley que prohíbe  fumar en lugares cerrados tales como bares, discotecas y otros centros de consumo. Lo ha hecho para evitar el flirteo amistoso-masoquista del ser humano con este malévola poción mágica, hablamos de ese tipo que busca apalancarse en algún discreto rincón para compartir sus manías destructivas. Curiosamente, a disposición del fumador se presentan montones de máquina expendedoras en bares, restaurantes, gasolineras y otros lugares de "culto" desde las cuales podrá descargar su droga en forma de blancos y ridículos palitos. ¡Previo pago cuidado! Es decir el gobierno que se supone es un ente sabio y protector condena el acto de fumar en espacios cerrados pero luego mantiene las máquinas expendedoras en todos los lugares cerraos posibles para que la gente las vea y no fume que es lo que pretende, por eso lo prohíbe. O sea, quiere que no fumes por eso te tienta de manera sibilina. O quizás es más bien que es para recaudar. Es un poco lioso todo esto.

Convivir con un fumador.

Quienes han convivido con un fumador saben lo que la relación trae consigo: una peste que fagocita todas las estancias de la casa y se incrusta en las paredes, cenizas distribuidas aleatoriamente por el coche, adornos polvorientos sobre el teclado del ordenador, los cuales son tan difíciles de erradicar que ni pasando la aspiradora a máxima potencia. La ropa se enriquece de una fragancia asquerosa y horrenda. Encontramos colillas por el suelo, pegadas a las baldosas, platos que contienen restos de ceniza que el lavaplatos no ha podido arrancar después de dos horas de rociado, etc. Al final todo desprende un aromilla a cáncer sabrosón.  En fin, una mugre que no se va ni con lejía. Qué asco dios mío. Mierda repartida por doquier y un perenne aroma a podredrumbe que tira p'atrás.

Sí, un tufo horroroso. Sin embargo, no hay manera humana de hacer entender al adicto lo malsano de adherirse a según que vicios y que, por supuesto, joderse a uno mismo no está en nuestros genes si no que es uno de los efectos del entorno, de los medios de comunicación y de otras influencias externas. Al final lo que queda es perjudicarse a uno mismo, a los demás, a la vestimenta, al ambiente. Incluso las calles y las aceras se pueblan de cientos de colillas machacadas. Pero además, que creo que no lo he dicho, hay que pagar por ello. ¡Hay que pagar para llenar de mierda el mundo y enviciar y contaminar a congéneres y amigos! ¡Sí, señor! ¡Qué bonito!

Sobre la salud y el dinero desembolsado en drogas.

Con la mitad de dinero que regularmente gastamos en el consumo de tabaco, drogas y en abusar del alcohol (aparte claro de esa empalagosa afición de otorgarle más dinero y atención al que más tiene) solucionábamos  el problema del hambre del mundo... y probablemente unos cuantos más. Es decir con la mitad del dinero que desembolsamos en jodernos el organismo, o sea en en matarnos, podríamos colaborar en que otros organismos (léase seres humanos) presentaran un aspecto más saludable. Me temo que esta es una propuesta inviable, así que habrá que desecharla. Demostrar que  un ser humano inscrito en el registro capitalista tiene un corazón de las dimensiones de una lenteja es bastante obvio, pero es que dicho sujeto ni siquiera hace acopio de valor para arrancarse sus propios cánceres. No podemos pues esperar que trate de combatir los de los demás. Pura lógica de dos pesetas.

Regla básica: si quiere ser un ejemplo de solidaridad, de fortaleza o de salud mental empiece por quererse un poco más a sí mismo y a su ejército de células. No les proporcione semejante régimen alimenticio, semejante porquería. Ya sé que eso cuesta un gran esfuerzo y duele quetecagas (o eso parece), pero, hágame caso, es necesario al menos que lo intente. Por su bien, por el de sus allegados, el de la sociedad, las calles, la  atmósfera, la capa de ozono, los casquetes polares, el planeta Urano y el satélite Mengano.

Se podría invertir en salud, en buenas causas, en cultura, en deporte o en leerse un ensayo, pero no, resulta preferible invertir una buena pasta en sembrar la peste en el interior de nuestro organismo. 3-4 euros el paquete, a paquete al día, por 10 años… le sale una cantidad monetaria tal como para comprar un bonito utilitario o recortar muchos meses de hipoteca. Con todo lo que se gasta un fumador medio me agencio yo una biblioteca de cientos de grandes libros o me apunto a 24 cursos de diferentes temática. Cualquiera de estas últimas opciones serían unas inversiones más sensatas y racionales. Queda descartada pues para cientos de millones de individuos del planeta. Y no trates de convencerlos. O sí, así con la recopilación de excusas ofrecidas por los implicados en el tráfico de mierda, publicas un libro de humor negro. Te ríes un rato e igual te haces rico. Firma con seudónimo. Por si acaso, que igual todavía te echan las culpas a ti. Con ese dinero me regalo a mí mismo 10 estanterías llenas de libros. Y me vuelvo más friki todavía.

Así al final resulta que hemos desembolsado un enorme capital que bien invertido podría habernos regalado un montón de potenciales virtudes, que bien aplicadas nos hubieran transformado en tipos en más fuertes, guapos, ricos y multifacéticos. Pero nosotros preferimos no afrontar nuestras propias responsabilidades, tarea, por cierto, denostada y consignada como uno de los mandamientos más aclamados por un capitalista que se precie. En fin, ¡que no nos da la gana! Así es que a veces como complemento, una vez ya adoptada nuestra bienamada actitud de perdedores, acompañamos nuestras cotidianas desgracias con la presencia del alcohol, y en múltiples ocasiones también de comida basura, no por gusto para conseguir unos hermanitos a nuestros desamparados cánceres interiores. ¡Pobrecillos, se sienten tan solos! De este modo, en vez de abrigar un problema solito y abandonado, coleccionamos otros varios aplicando un instinto solidario invertido y subimos nuestro status de víctimas propiciatorias.  Lógico, el masoquismo es como una ofrenda que realiza el individuo bien adaptado al dios dinero. Si a eso sumamos,  la visualización de programas frívolos (telebasura) y la influencia de los ídolos de pacotilla (casi todos), la incapacidad de pensar con claridad y un trillón de etcéteras ya tenemos confeccionado el menú del perfecto fracasado. Un fracaso como persona que puede ser además pobre o un tipo con mucho dinero. Da lo mismo, sigue siendo un triste fracaso indigno de ser denominado sapiens.
 
Obrando de este modo tan singular, nos sentimos más humanos, más satisfechos, más “normales”. Coleccionar problemas para luego airearlos con los demás es un hábito indiscutiblemente extendido. Porque el ser humano si no tuviera problemas se los crearía o se los inventaría. Hay quien no tiene ninguno y sufre de depresión por carencia de preocupaciones (no es ninguna broma). En realidad más que ausencia de problemas de lo que sufre es de un vacío existencial terriblemente pegajoso. No se va ni a la de 3.


Psicología de primero. Seres humanos con derecho a la queja y la pataleta. Masoquismo.

El objetivo de toda esta elaborada parafernalia es ejercer el derecho a la queja y la pataleta. Quejarnos es la excusa nacional (y la envidia un símbolo identificativo sobre todo en este país). Si no obráramos de esta forma, no se nos consideraría humanos de tipo "estándar" y la gente con su ojo clínico escrutador nos miraría mal como si fuéramos una especie alienígena que viniera a colonizarles. “¿Pero tú no te matas nada? ¿Ni te flagelas de cuando en cuando? ¿Cómo es eso? Bah, no te creo, seguro que mientes. Y si no te gusta la tía buena esa de la tele es que eres gay. ¡Seguro!” . Claro, claro, seguro. Ten por seguro que si se dedica a la belleza exterior no me va a gustar. Pero dudo que eso lo entiendas, eres demasiado bobo.

También podríamos darnos con un palo en la cabeza, total, quedaría muy “a juego” con nuestra disoluta idiosincrasia. Eso sí, deberíamos comprar uno de pago que se accionaría por wi-fi y que sólo emitiría los golpes previa retribución a la ingeniosa empresa fabricante. ¿No será usted tan friki de querer hacerse daño gratis? ¡Y un cuerno! ¡Quién se ha creído usted que es! No, si se ofrecieran palos gratis y auto-aporrearse le resultara gratuito y fashion, usted optaría sin dudarlo por la versión deluxe, la que requiere un pago periódico por tarjeta de crédito. Y si fuera una ridícula pulsera de medio euro con la misma utilidad que alguna que vale 10 veces más usted la compraría también porque usted es ciertamente listo y sabe muy bien lo que hace. Si alguien le recomendara alguien un libro le amonestaría verbalmente o le lanzaría una mirada demoledora, asesina o esgrimiría el estribillo de siempre "no quiero pensar". Para culturizarse apenas hay presupuesto, para degradarse, divertirse o consumir las cosas más absurdas si no lo hay se pide prestado o se hipoteca uno hasta las cejas. Menos todavía ahora con la existencia de Internet. Ya no hay ninguna razón para gastarse un duro en libros (que no se relacionen con su profesión). ¡Libros malos! ¡Vade retro!

Todo esto según he advertido es muy típico según veo del ciudadano medio. Los libros instructivos que le darían una ventaja considerable en su lucha por el poder no se toman como una asignatura obligatoria. Ni tampoco optativa. Parecen tenerles tirria. Dios mío, estos malditos ídolos están causando un daño espantoso a la educación y la cultura en este país y posiblemente la de todos lo demás gracias a la "bendita" globalización. Además a la mayoría de tipos normales y corrientes,  les da por idolatrar a quien tampoco le otorga esa ventaja comparativa, tiene que hacerlo a un toca-pelotas que cuando pierda un partido se ponga a llorar como una nena y a darle las culpas al árbitro como pasando a formar parte de la retahíla de ídolos quejicas y patéticos. ¡Todos queremos ser unas nenas y pasarnos el día jugando! ¡Madurad chavalotes!

En fin, que como esta dejadez de funcionalidad no le parece suficiente tiene que autolesionarse a sí mismo porque parece que va sobrado de fuerzas. Pero no lo hace un día, lo hace repetidamente. Luego terminan quejándose de que “la vida es dura” y miles de excusas extrañas. ¿De verdad la vida es dura? ¿La vida es dura o la hacemos dura nosotros? Piénsenlo.

Resumiendo que es gerundio.

¿Si es dura porque no dedicas parte de tu tiempo en resolver todos esos porqués que la vuelven tan complicada o buscas a alguien te dé la instrucción necesaria? Yo sí lo hice, y la cosa salió de cine por cierto. Si es porque no sabes cómo hacerlo, entonces acepto la respuesta. Propongo la cultura del enfrentamiento, que es justo lo contrario de esta cultura estúpida y autodegradante, la cual podemos calificar como del “ahogamiento” de nuestro potencial. La “cultura del ahogamiento”. Les animo a que propongan otros calificativos tan descriptivos, como por ejemplo: “La cultura del borrego”, “La cultura del masoquista”, "La cultura del que persigue el dinero y desprecia el amor por la vida", etc. Me gusta más la primera definición: “La cultura del ahogamiento”, donde uno alegremente se presta a ese extraño y diabólico juego de atarse una soga al cuello y juega a "ser el más valiente". En otra sección propongo otro nombre igual de guay, le animo a que lo encuentre.

"¡No te atreves a fumar, eres un miedica!"

No soy un miedica, soy el tipo más cobarde del universo conocido y por conocer si hablamos de individuos aficionados a inhalar sustancias tóxicas. Con las drogas me pasa exactamente lo mismo. ¿Y tú sí eres tan valiente por qué no te fumas siete paquetes al día? Mucha boquita y pocos cojones, yo admito mi cobardía, admite tú tu valentía y fúmatelos de tres en tres. Así, con un poco de suerte, entras a formar parte del récord guiness.

El mundo no se puede cambiar.

Con esto, nuestra parca educación y toda la “nada” que nos enseñan nuestros héroes cotidianos acabamos relegados a seres normales y corrientes, con poca fuerza o personalidad. Por si esto no fuera suficiente, también tenemos a nuestra cercana disposición la reconfortante influencia de los anuncios televisivos que parecen confeccionados para alentar al consumo a idiotas o subnormales. ¿Cómo coño es posible que dé resultado tanto anuncio creado para gilipollas?

Luego nosotros, armados con nuestra universal sapiencia, tampoco invertiremos apenas unas horas en algún recurso (léase cultura) que nos permita reconocer nuestras debilidades o maximizar nuestro potencial, no vaya a ser que nos convirtamos en no-borregos y encima, que ya sería caso, nos dé por advertir a otros de los errores del sistema. No, eso no puede ser. ¡A ver si vamos a cambiar el mundo por favor! ¡Que el mundo no se puede cambiar, joder ya! ¡Qué loco va a pensar en cambiar el mundo! El mundo no es que no se pueda cambiar, es que nosotros, ejército de seres sensatos y defensores de las buenas costumbres, formaremos un muro de contención con un grosor y una densidad ilimitada para impedir que uno solo de aquellos empeñados en mejorar las prestaciones del sistema pueda atravesar este dique de contención. Nos va la vida en ello. ¡Debemos reírnos de él! Porque si en realidad el mundo se pudiera cambiar y además no fuera tan difícil, ¿qué habríamos estado defendiendo nosotros todos estos años? ¡Quedaríamos en la más absoluta y ridícula de las evidencias! ¡Casi tanto como la Iglesia Católica, que ya es decir! ¡Nuestras creencias se vendrían abajo! ¡Avergonzados, humillados tendríamos que agachar la cabeza y admitir que somos responsables de todas nuestras desgracias! ¡Incluso habríamos de admitir que hay cosas más relevantes que un partido de fútbol! ¡Oh dios mío, eso no se puede tolerar! ¡Así que ya nos preocuparemos todos nosotros de que el mundo no se pueda cambiar y así poder respirar aliviados! ¡No permitan a nadie que piense demasiado! ¡Denúncienlo a la guardia civil! ¡Y dénle más dinero a los futbolistas y a las supermodelos! ¡Más aún sí!

Otros muchos, los locos de atar, que por cierto seguro que no fuman, consideran que el mundo no sólo se puede cambiar si no que evoluciona cada segundo que pasa. Además, opinan que somos nosotros quienes tenemos la responsabilidad de decidir en qué dirección queremos que evolucione y afirman con firmeza el uso de drogas no es una camino que lleve a una meta paradisíaca. Más bien a un negro precipicio. El problema de matarse es que luego … ya no puedes rectificar. Es una decisión sin vuelta atrás. Aconsejo pues que no se mate nadie. No fume, ande, hágame caso. Deje que se maten los demás. Si no me hace caso le aleccionaré con dureza utilizando un arma poderosa: mi martillo de goma.

Necesitamos un árbitro, un cabeza de turco a quien quejarnos, a quien echar las culpas, si nos despojan de él, ¿qué será de nosotros? ¿Tendremos que llevar el timón de nuestras vidas sin ayuda? ¡No! ¡Qué miedo! ¡Corramos a buscar un dios o ídolo patatero (o pelotero)!

Deberemos enfrentarnos sin tapujos cara a cara con nuestros defectos, con nuestras debilidades. Eso jamás, mejor irse pitando a lamerle el culo al patrono, que en este caso ya saben quien es: Don Cigarrillo. Sea usted amable (léase débil) y cuéntele las penas a su queridísimo amiguete. Él seguro que sabrá cómo tranquilizarle. Si no ejerce el efecto deseado, acompáñelo con unas copas de licor, si aún así no logra el efecto deseado, pásese al trankimacin o al valium. O júntelo todo.


Los auténticos beneficiados.

Como el mundo es suficientemente lamentable y degradante, otros les sacan partido a las drogas (traficando con ellas claro está), y viven más o menos bien. Algunos de auténtico lujo. Ya pueden hacerse una idea de a quienes enriquecen las drogas: a mafias y a tipos sin escrúpulos. Si nosotros nos habituamos a su consumo formaremos parte de esa telaraña pegajosa que atrapa y engulle vidas por doquier.

Porque como digo, al ser un mundo tan estúpido, no siempre las actitudes saludables son las más recompensadas. Pero a la larga, y hablando en general, un tío sano y con ganas de pelear siempre adelanta a un aspirante a fracasado o masoquista recalcitrante. Lo normal es que le adelante como una exhalación y con el transcurso del tiempo lo deje tan atrás que apenas reconozca su sombra. El primero toma velocidad y poco después se aleja más rápido que Jorge Lorenzo acosado por el italiano Simoncelli (q.e.p.d), el segundo acaba moviéndose a paso de tortuga, más o menos como el individuo tipo americano (léase rollizo) que gusta de frecuentar McDonalds varias veces por semana.

Queremos hacernos daño, y no nos importa pagar aunque sea caro para hacer millonarios a otros. Así somos. Ni hechos por encargo salimos más tontos.

El hombre para vivir tiene que matarse, adiestrarse en el arte de no aprender lo que le haría más fuerte, dejar el amor como un pasatiempo, o para lo último, idolatrar a seres frívolos, pasarse la vida discutiendo y preocupándose de temas banales, despreciando lo que posee o anhelando los objetos del vecino. Y luego afirma con dolor que la vida es absurda o que no tiene sentido. Lo absurdo no es la vida en sí, es el comportamiento tan errático, ignorante, masoquista y estúpido y por supuesto sus penosos dioses de referencia. Le rendiste pleitesía a los ídolos del placer, y perseguiste la gloria del dinero y ahora mírate en el espejo, ni aún rico eres nada, nada más que un esperpento con unos ideales ridículos. ¿Qué han hecho de ti?

Tíralos todos a la basura, hazme caso.
Lo diré y lo repetiré las veces que haga falta, "ídolo que no te otorgue poder, déjalo correr".
Y pagar para joderse las entrañas déjelo para los tontos, ¡que compitan entre ellos! Olvide ese juego demencial.

Simples consejos de un amante de la salud.

- No pague por hacerse daño. Si quiere matarse, no se preocupe, déjele ese proceso a la madre naturaleza o al azaroso destino, ellos son más sabios que usted. Ya le matarán a su debido tiempo, no anticipe el proceso. ¡No sea impaciente hombre!
- No ingiera cosas que sepan a mierda. La mierda no es buena. Tampoco sabe bien. ¡Mierda mala!
- No exhale humo delante de su pareja, si a esta no es adicta, no es justo fastidiar a los demás.
- No ingiera comida-basura salvo que sea esporádicamente (este precepto es más difícil ya que la comida basura no suele saber a mierda).
- Si quieren pagarle por ingerir mierda diga que no.
- Si quieren que usted pague por ingerir mierda (tiene cojones la cosa), demándeles. Si son famosos, demándeles dos mil veces hasta que se callen. ¡Muéstreles quien manda!
- Pague usted siempre que sea posible para convertirse en un tipo más fuerte y dueño de sí mismo. En eso puede invertir todo el dinero que desee. Más vale equivocarse invirtiendo para aprender cosas constructivas, que para degradarse.
- Señor, ¿hay alguna humana manera de convencerle para que no se gaste el dinero en idioteces? ¿Tendré que hipnotizarle? Sepa que puedo hacerlo, ¡hice un curso de cinco meses!
- Todos aquellos que les sobren unos años de vida y estén dispuestos a tirarlos a la basura. Por favor, dénmelos a mí, yo haré buen uso de ellos. Trataré de dar buenos consejos a la gente. Alguien, yo sé, que me hará caso. Aunque sólo sea 1.
- Busque ya un remedio para su adicción y deje de pasearse con un cartel en forma de cilindro que demuestra sin lugar a dudas que usted es tonto o tiene un problema. Hay muchos tontos en el mundo pero a no todos se les detecta. A usted sí, y de lejos: va dejando rastro allá por donde va. Si quiere hacer el tonto, al menos que le paguen por dicha tarea. Y además que no le jodan la salud.


Notas finales.

Dentro de la cultura del enfrentamiento, una de las máximas es intentar crecer como persona, desechar toda práctica destructiva y pagar o prestar atención a aquellos que nos vuelven más fuertes, ricos, con más personalidad, autoestima, percepción de la vida, nos ayuden a incrementar nuestra independencia, etc.

Uno no puede progresar siempre ya que la vida es a veces injusta y le gusta ponernos la zancadilla de vez en cuando (a veces, sí, nos arrea unos ostiones que nos deja alelados). Otras veces las circunstancias nos imponen dar varios pasos hacia atrás o anquilosarnos durante años por algún trastorno, problema familiar o similar. Pero dejemos al azar las negatividades , nosotros centrémonos en mejorar nuestras aptitudes en la medida de lo posible. Que el azar de la vida sea quien nos retrase, no pequemos nosotros de ingenuos. Usted debe ser su máximo valedor no el verdugo que se pone la soga al cuello.

En definitiva, puesto que fumar, aparte de que crea una horrorosa dependencia, y unos efectos secundarios lamentables, jamás deberíamos entregarnos a ese hábito. Usted debería ingresar en el club de paladines que defienden la verdad, la salud y el respeto al medio ambiente  no caer en la tentación de autodestruirse. Autodestruirse como bien sabrá, no trae nada bueno. Y además, ni siquiera hoy en día constituye un acto de rebeldía u originalidad. Antes todavía, hoy ya no. No tiene pues ningún motivo para adherirse al club de los fumadores. Y dudo que alguien le vaya a querer más por defender ese maldito vicio.

No hay por qué tener la necesidad de hacerse daño, si usted es un poco masoquista, no se preocupe, esta sociedad posee un amplio surtido de cosas insaludables y perniciosas que de una manera u otra acabarán por perjudicarle (polución, paro, inseguridad, etc), así que puede tranquilizarse pensando en ello si le apetece. Así que si defiende esa mentalidad, no se preocupe que se verá, al menos parcialmente, satisfecha. Pero si ha de esforzarse, siempre mejor hacerlo para dar pasos hacia adelante, no para atrás. Ahora, si quiere ver Telecinco es cosa suya, pero yo no se lo aconsejo.

Háganme caso. Busquen ayuda cuanto antes (psicología, hipnosis, parches de nicotina, técnicas de aversión, láser terapéutico) o lean el libro “Es fácil dejar de fumar si sabes cómo”, un auténtico tratado de psicología digno de ser revisado incluso por los que no pertenecen al gremio para entender un poco más “cómo funcionamos”. Yo al menos me reí mucho con su lectura hace tiempo.

Y tiren esa cosa inmunda a la basura.

Háganse un favor a ustedes mismos, a su progenie y a la humanidad. Y a mí también. Olvídese de las gracias de Don Cigarrito, ese simpático pero maloliente asesino de masas no es su amigo. He aquí las cifras: 55 000 muertos debido al tabaquismo en España, 5 millones en el mundo y una previsión de 10 millones para el año 2020, ¿le parece poco? Ni Atila, Pinochet, Gengis Khan, Hitler y Stalin obrando juntos podrían presentar semejante balance de muertes directa o indirectas.

No, dudo que usted desee actuar como cómplice de los trapicheos de quizás el mayor genocida de la historia.
¡Y menos aún pagando!

Si aún así prefieren continuar con su hábito. Perfecto. Los no fumadores saldremos ganando igualmente, cuantos menos corredores quieran cuidarse la salud en esta larga travesía que simboliza la vida.... menos competencia tendremos para alcanzar las más grandes metas.

Niveles de higiene mental.


Existen varias niveles de gradación según lo saludable de nuestra conducta:
El sexto nivel, el individuo se degrada a sí mismo y se enriquece degradando a los demás a alto nivel de manera ilegal (ej: un consumidor habitual que además trafica con drogas).
El quinto nivel, el individuo se degrada a sí mismo pagando.
El cuarto nivel, el individuo se degrada a sí mismo sin pagar.
El tercer nivel, el individuo incrementa su potencial interior pagando (ej: lectura de libros, práctica de deporte, estudios concertados, etc).
El segundo nivel individuo incrementa su potencial interior y el de los demás a pequeña escala (ej: profesor, investigador)
El primer nivel, el individuo incrementa su desarrollo y el de los demás a gran escala, y obtiene amplio reconocimiento (ej: profesor, pensador, divulgador científico, investigador de reconocida fama).

Yo quiero pertenecer al primer nivel, ¿y usted?






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