Crítica a los ídolos contemporáneos. Resumen. Parte II

Creado: 3/7/2012 | Modificado: 3/1/2013 1486 visitas | Ver todas Añadir comentario


150 puntos contra los ídolos contemporáneos

Resumen del Anti - ídolo

Después de reflexionar sobre los anteriores secciones podemos concluir de manera resumida con los siguientes puntos:

Esquema:

• Héroes y ganancia global.
Curiosamente, al menos si hablamos de enfrentamiento de equipos en eventos deportivos, cuando unos ganan, otros pierden, así que la ganancia nunca es global, de hechos son juegos llamados de "suma cero". Ejemplo: después de la victoria de la selección española en el mundial, España salía a las calles a mostrar su alborozo. Holanda por el contrario lloraba amargamente por la decepción de la derrota. Hablamos de un juego de suma cero, siempre existen ganadores y derrotados. ¿No les parece que un auténtico ídolo debería ser partícipe de generar un beneficio positivo a gran escala, no otorgar alegría y esperanza a unos a base de robársela a otros?

• Héroes y ganancia global (2)
No sólo no se busca una ganancia global en vez de una sinergia y cooperación con el vecino, si no más bien al contrario, las victorias que “aplasten” al rival son altamente recompensadas y entronan al campeón como poco menos que un semidios. Una victoria que humille al contrincante se considera un evento “glorioso”. Ejemplo: la retahíla de clamorosos triunfos del Barcelona de Guardiola sobre el Real Madrid. Seamos serios, un auténtico ídolo de masas (o al menos el que yo propongo) sí buscaría una sinergia o conjunción de fuerzas en un conjunto de individuos para lograr un progreso y crecimiento conjunto. No es el caso si hablamos de deportes de alto nivel. El ejemplo puede extenderse también a la competencia empresarial. Ejemplo: prosperar como empresa a base de arrasar culturas o ecosistemas para inaugurar un centro comercial o una nueva fábrica. Otra magnífica idea consiste en ejecutar ERES, despidiendo a miles de empleados, ¡así las acciones aumentan su cotización en la bolsa de valores! ¡Magnífico!

• Héroes y ganancia global (3)
Uno podría esgrimir que la repercusión económica de los deportes es tal que hablar de ganancia cero se torna incongruente. ¿Pero es que acaso no se puede promocionar una industria donde todos, protagonistas y aficionados salgan ganando de una forma más equitativa y se genere además la misma fluctuación económica y al mismo tiempo el mundo prospere de forma más saludable y sostenible? Sin duda sí. Invirtamos en ciencia, en tecnologías renovables, en una educación menos utilitarista, más orientada al beneficio conjunto, a la solidaridad y la cooperación entre pueblos; enseñemos a los niños a vivir con valores no a competir de manera desmedida o a compararse físicamente con el vecino, brindémosles una cultura que aglutine aspectos fundamentales del carácter como la concordia, el valor, la templanza, el trabajo honesto, el respeto por la naturaleza, la ayuda al necesitado, el amor y la defensa de la vida y de los derechos humanos (y etc). Hoy en día la educación parece orientada a "tú dedícate a hacer una cosa mejor que el resto de personas y ya verás como el éxito, el dinero y todo lo demás vendrá por sí solo."  ¡Menudos ejemplos de pacotilla son los que desfilan por las pasarelas mediáticas hoy día!

• Héroes y ganancia global (4).
Los ídolos más bien nos permiten evadirnos del tedio de la vida cotidiana a la vez que saborear momentáneamente emociones de alta graduación. Pero al final del partido o actuación todo vuelve a ser como antes. La alegría en la mayoría de ocasiones resulta efímera y desafortunadamente se compensa en muchas ocasiones con la tristeza y la afectación que nos producen sus derrotas. En resumen, su influencia se asemeja a la ingesta de drogas o alcohol: el subidón dura unas horas pero una vez se evapora, nuestro organismo nos exige nuevas dosis periódicas, ya sea diarias o semanales. Esta dependencia se cronifica con el tiempo. Al final nos volvemos completamente adictos y ya no atendemos a razones aun cuando nuestro entorno nos advierta de la gravedad de defender tales hábitos. Nos hemos vuelto prisioneros, idólatras, esclavos de la imagen del ídolo. No es extraño que se defina a muchos entretenimientos televisivos como "los nuevos opios del pueblo".

• El deporte de alta competición no es saludable.
El ejercicio realizado con mesura es un hábito saludable, pero practicado obsesivamente se vuelve nocivo, tal como lo sería ingesta inmoderada de cualquier alimento: resulta en una buena parte de casos contraproducente para el organismo. Más perjudicial que beneficioso.

• El deporte de alta competición no es saludable (2)
No es sólo que no es saludable si no que muchos de los aspirantes desdeñan todo tipo de formación complementaria con tal de conseguir su objetivo: la victoria. ¿Es conveniente para la salud mental este forma de proceder? No importa la respuesta, al final serán bien recompensados por mucho que sólo sepan hacer una cosa bien. No importa el camino recorrido sino el triunfo final. Maquiavelo se sentiría muy orgulloso.

• El deporte y la salud. Dóping.
El exceso de devoción por el triunfo obliga a un porcentaje no desdeñable de aspirantes a campeones recurrir al consumo de estupefacientes, dañando su organismo a corto o largo plazo, ofreciendo en consecuencia una imagen lamentable a la sociedad que los amamanta. Estas reprobables estrategias  se originan en la enorme presión que sufren los competidores, lo suficientemente poderosa como para que muchos sucumban ante tal patológica “necesidad” de reconocimiento. Culturistas, levantadores de pesas, estrellas de pressing-catch, atletas, ciclistas, jugadores de béisbol o fútbol americano, baloncestistas, incluso actores de películas de acción (y un largo etc), han tomado drogas en ocasiones o de forma reiterada con el fin de mejorar su rendimiento.

• El deporte dejó de ser una disciplina para caballeros.
La profesionalización trae otras consecuencias negativas. Ejemplo: las malas artes se tornan moneda común. Bien conocido es el caso de Mourinho, para muchos el mejor entrenador del mundo, un oscuro sujeto capaz de utilizar cualquier maliciosa treta para obtener una mínima ventaja.  En este contexto, ganar parece lo único, "ya sea por lo civil y por lo criminal". El deporte profesional ya dejó de ser una disciplina de caballeros,  mas bien se ha convertido en un oficio únicamente de mercenarios donde sólo el objetivo es obtener más y más beneficio económico. La mayoría se arriman al sol que más calienta y no tienen rubor en admitirlo. Son mercenarios de la gloria. Podríamos extenderlo a otras disciplinas artísticas y empresariales. Da gusto verlos. Algunos juran lealtad a una camiseta y luego los ves arrastrándose hacia el bando contrario porque allí le prometen un sueldo ligeramente superior. El único lenguaje que entienden a la perfección es el del dinero. ¡Sí que son "inteligentes" y "admirables"!

• Patrocinio de discutible valor ético.
Las marcas patrocinadoras de muchos grandes clubs pueden vincularse con valores solidarios, léase como Unicef, como pertenecer a otros ámbitos de mucho menos lustre como por ejemplo Qatar Foundation (emblema del FC Barcelona) u otros que impulsan a jugarse el dinero en casinos y apuestas. Real Madrid, Sevilla, Valencia, Mallorca, etc. han prestado "amablemente" su camiseta a empresas relacionadas con los juegos de azar. ¿Sabían que la ludopatía es un problema muy serio? Lo dudo. ¿No decían que el fútbol constituía un excelente ejemplo a seguir para los niños? ¿Ustedes creen que este tipo de patrocinio debería integrarse como un emblema en las escuadras defensoras del espíritu deportivo? Pero me temo que la cuestión, obviamente no es esa, si no disfrutar de una inyección económica sin evaluar el linaje de la empresa benefactora. En otras palabras, si el dinero no te lo brinda una empresa de ropa deportiva bienvenida sea una casa de apuestas o una dictadura disfrazada de falsa democracia. Mañana quizás un prostíbulo, ¿qué les parece esta última sugerencia? ¿"¡Da lo mismo, lo importante es que mi equipo gane!"? Ok, propongo pues la imagen de una prostituta en bolas fumándose un porro.

• Otros de los grandes ídolos: drogas, alcohol, tabaco, prostitución, armas, falsificaciones, etc.
Hablando de ídolos o empresas "campeonas" podemos citar en esta sección el tráfico de armas, la prostitución, el consumo de alcohol, de tabaco, las drogas o el negocio de la piratería y las falsificaciones. Si sumáramos el dinero que mueven estas plagas mundiales nos quedaríamos asombrados de la triste cara que muestra la condición humana. En España tenemos predilección por la marihuana, somos unos de los países con mayor consumo de cocaína del mundo y también uno de los países donde la piratería goza de mayor aceptación; el negocio de la droga (con todos sus efectos devastadores colaterales) mueve unos 300 mil millones de dólares al año en el mundo, la prostitución más de 100 mil millones, otros más de 100 000 millones para la industria del porno (con más de mil millones de páginas en Internet), 1.15 billones de dólares se los lleva el tráfico de armas,  y creciendo de manera ostensible; cerca de 250 000 millones de dólares para el alcohol, incalculable el dinero generado por apuestas (más de 35 000 millones sólo en Estados Unidos), 32 000 millones para el tráfico de personas y aumentando de manera alarmante; el negocio de las falsificaciones mueve más de 130 000 millones. Estas aficiones también constituyen algunos de los "ídolos de nuestro tiempo". Como pueden ver no siempre que una empresa o ídolo arrastre millones de seguidores o mueva una ingente cantidad de dinero significa que no se la pueda censurar, que no sea una rémora para el progreso saludable de la sociedad.

• Héroes y la comida basura, el tabaco, el alcohol, la prostitución, etc.

La comida basura, el tabaco, el alcohol e incluso las drogas no son desdeñados por muchos de estos ídolos. También el “uso y abuso” de chicas de alterne.  Ej: miles de cantantes de rock son conocidos por su devoción por los estupefacientes siendo innumerables los ingresados en centros de desintoxicación o incluso muertes por abuso (la más reciente: Amy Whinehouse). En efecto, estas lumbreras pueden ser tanto un ejemplo gratificante como formar parte del reverso tenebroso (Marilyn Manson o Sid Vicious corroborarían esta afirmación). Es singularmente fácil encontrar a cientos de estos ídolos con una vida disoluta e incluso fallecimientos por consumo excesivo de estas nocivas sustancias o debido a una vida alocada y plagada de excesos. De nuevo me pregunto, ¿ejemplos para quién?

• Héroes y las armas. Estados Unidos de América.
No es extraño encontrar a personajes reconocidos, ej: Charlton Heston (aunque podríamos incluir a muchos políticos americanos), blandiendo orgulloso su arma semiautomática y defendiendo su uso como un modo justo defender la patria, imponer justicia y combatir  la delincuencia y los conflictos. Claro, ¡si es que de perogrullo pensar que la violencia se combate con la violencia! Por cierto que Estados Unidos posee los niveles más altos de criminalidad de todos los países del primer mundo. Curiosamente, en muchos estados se profesan partidarios de la pena de muerte y en prácticamente todos se defiende la posesión de armas (circulan más armas que personas en este país). Por si fuera poco, EEUU se autoproclama el ombligo del mundo, el centro neurálgico del capitalismo. Podríamos añadir también que su ejército ha participando en más guerras que probablemente todos los de los demás países juntos. Lo más extraño de todo: más del 90% se considera creyente en un Dios supuestamente bondadoso. ¿De locos ... o todo encaja? Ustedes mismos.

• Humildad de los ídolos.
Se habla de que los ídolos son humildes. ¿Realmente se puede ensalzar la humildad de una figura de renombre mundial cuya iconografía que le envuelve constituye el epicentro de una representación fastuosa y magnificente? Los ídolos no sólo no son humildes si no que se les obliga a representar un papel antagonista. Criado en una sociedad que preconiza el culto al exceso, la desproporción, la exageración y la exuberancia, el verbo “presumir” se erige como vocablo ineludible del dialecto más reconocido e interpretado. La humildad es más bien, un defecto gravísimo y además resulta intolerable. Argumento indefendible pues.

• Humildad de los ídolos (2)
Piénsenlo si no, el que más vende puede erigirse como la más guapa, el que más goles o canastas mete y de la forma más espectacular, el que más rivales apaliza, la mujer más pechugona o escultural, la cantante más exuberante, la que con más famosos se acuesta, la que dice más idioteces por pantalla, etc. Para rematar el preparado, hay que añadirle un ingrediente clave, el “todo el mundo debe enterarse”. Es decir, es tan importante la acción como la repercusión. Resumiendo: desterremos la humildad como como un apropiado adjetivo calificativo para este tipo de ídolos.

• Ídolos credibilidad y anuncios.
Muchos famosos aparecen como protagonistas en mensajes publicitarios. No les importa mentir o decir medias verdades a millones de personas si con ello obtienen más pasta gansa. Como sabemos la publicidad no pretende educar ni informar de manera objetiva sino seducir a la audiencia para promocionar artículos con el fin de maximizar las ventas. No importa que aquellos rara vez satisfagan a un consumidor medianamente exigente y únicamente le otorguen una felicidad pasajera. A nuestros ídolos no parecen importarles lo más mínimo tales "burdas teorías", así forman parte de este juego con gusto y sin ápice de vergüenza y aun a pesar de que no vayan a usar el artículo en cuestión o desconozcan los efectos secundarios de su promoción fomentarán su uso sin dudarlo. Páguenles mucho y la mayoría ellos no dudarán en asociar su imagen con artículos de consumo como champús, detergentes, coches, relojes o cualquier otro trasto. Lo harán con la sonrisa en la boca, presentando un un falso discurso, que además redactado por otros.  ¿Por qué a nuestros “queridos” ídolos les gusta tanto “vendernos la moto”? Un ídolo de verdad jamás actuaría de tan indecente modo.

• Ídolos y halagos. Desproporción.
¿Pueden imaginar el número de líneas de tinta dedicados a ensalzar un jugador o actor o actriz de talla mundial si contamos los contenidos en la retahíla de publicaciones de diferentes países? ¿O halagos pronunciados por el número ingente de seguidores? Quizás la cifra, ya sean elogios en forma de palabras hablada o escritas,  alcanzaría una cota de ocho o nueve ceros. Cientos de millones. La desproporción del sustento para cierto tipo de habilidades es descomunalmente mayor que el que soportan otras disciplinas que persiguen una mayor prosperidad de la sociedad. En resumen, gozamos entregándoles todos los recursos a unos pocos privilegiados, asfixiando a otros que defienden valores más saludables, que se las ven y las desean para poder representar su papel. Nacer con empatía, sensibilidad o con ciertas habilidades que no encandilen a los mass-media, es decir que no generen espectáculo, más parece una maquiavélica jugarreta del destino que una suerte. Hay que arrancarse el corazón para felizmente estar en sintonía con la masa de autómatas que siguen los absurdos dictámenes de cuatro mequetrefes que mantienen el poder. ¿En qué nos estamos convirtiendo? Yo se lo diré: en unos esclavos hipnotizados por los cánticos sugerentes de los medios de comunicación dirigidos por... mejor no saber quién.

• Ídolos y velocidad.
Cientos de miles de personas rinden culto a la velocidad: las carreras de motos, rallyes, fórmula 1, etc. El problema derivado de cultivar estas aficiones es que muchos de estos devotos pretenden emular a sus ídolos fuera de los circuitos, así se cumple la expectativa de muertos y accidentes por falta de precaución. A la velocidad habría que respetarla si no temerla y no poner como grandes referencias a tipos que gozan con la adrenalina que produce acelerar sus vehículos hasta romper la barrera del sonido de la sensatez. Correr más de la cuenta en un vehículo, ya sea coche, moto o camión jamás debería considerarse una actitud loable, más bien reprobable. Y no hay circuitos cerrados para satisfacer a todos los aspirantes así que ya saben donde ejercitarán sus dotes la mayoría de sus seguidores: en nuestras calles y carreteras.



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