Introducción al proyecto Anti-ídolo. La cultura del enfrentamiento

Creado: 1/5/2012 | Modificado: 25/4/2013 1325 visitas | Ver todas Añadir comentario



 

La cultura del enfrentamiento. En pos de una nueva educación(1).


La vida como un juego continuo

Una de las cuestiones fundamentales dentro de la C.E. radica en planificar el tiempo de tal modo que la rutina de aprendizaje se traduzca en un juego diario, en un pasatiempo ameno y divertido, en un modo entusiasta de manejarse donde cada mañana nos levantemos para tratar de superarnos en algún aspecto, ya sea físico, emocional, monetario, etc. Aprender, crecer y entretenerse a la vez debe ser todo uno. Quien tome el gusto por asimilar conocimientos, quien disponga su intelecto y sus entidades físicas y psicológicas para un sano adiestramiento diario alejará sin duda las brumas derivadas de sufrir del tedio de la vida. Quien además logre vincularse con grandes ideales siempre permanecerá enchufado a la vida, motivado para levantarse por la mañana y... seguir jugando, seguir creciendo, seguir experimentando, seguir viviendo. Lo ideal además es que esta disciplina de adiestramiento empezara desde la infancia.

Aquel que configure su vida de tal modo que llene sus días con tareas que le entusiasmen, no tendrá la impresión de haber trabajado jamás.


Conocimiento y objetivos.

Conocimiento sin metas prefijadas es conocimiento que se desperdicia. Todo estudio de una materia debe desembocar en un propósito concreto, "¿para qué estudiamos? ¿por qué motivo leemos? ¿a dónde queremos llegar con ese farragoso procesamiento de datos? ¿qué metas perseguimos a corto o a largo plazo?".  La elaboración de objetivos dentro de la C.E. es un tema clave. Aprenderemos a "formular deseos", a marcarnos objetivos, y a perfilar una disciplina férrea que nos permita alcanzar decenas de pequeños o grandes logros. Como dicen los guiris, "the sky is the limit" (el límite es el cielo).

Elaboración de objetivos.

En la década de los 50 se realizó un experimento en la Universidad de Harvard para estudiar el poder de los objetivos. Se cogió a un grupo de alumnos y se les preguntó quiénes se habían fijado objetivos específicos en su vida. Como era de esperar, todos respondieron afirmativamente. Después, se les hizo una segunda pregunta: "¿Cuántos de vosotros habéis reflejado esos objetivos por escrito?". Ahí las cosas fueron distintas. Sólo un 3% de todos los alumnos encuestados contestaron que tenían sus objetivos por escrito. 20 años después, los mismos investigadores hicieron un seguimiento de los alumnos encuestados. Descubrieron que el 3% de los alumnos que confesó tener los objetivos por escrito, había acumulado más riqueza que la suma total de riqueza del 97% restante.

Figueros (autor del libro "¿Jefes? No, gracias") defiende que "para que un viaje sea viaje debe tener un destino. Si no sabes dónde tienes que ir, cómo vas a saber qué tienes que hacer para llegar. Cuando conoces tu destino, puedes decidir qué ruta elegirás pero, escojas la que escojas, siempre debe dirigirte a tu objetivo".

Anthony Campolo, profesor de sociología acertadamente explicaba:

Si te comprometes a algo eso cambiará lo que eres y creará una persona completamente diferente. Déjame repetir eso. No es el pasado sino el futuro el que te condiciona, porque lo que te comprometas a hacer determina lo que eres, más que cualquier cosa que te haya ocurrido ayer o el día anterior. Por tanto te hago estas preguntas sencillas: ¿Cuáles son tus compromisos? ¿Adónde vas? ¿Quién va a ser? Si me muestras a alguien que no ha decidido eso te mostraré a alguien que no tiene identidad, personalidad o dirección.


Útil desde el principio. Efectos positivos. Personalidad

Es importante resaltar que la inmersión total o parcial dentro de los cánones de la cultura del enfrentamiento resulta eficaz y provechosa desde el primer día. Sus sabias lecciones, el conglomerado de sugestivos textos y la aportación de inquietantes manifiestos revierten casi inmediatamente o, en el peor de los casos, a corto plazo en el armazón ideológico del individuo. No todo es tan sencillo, para que los beneficios perduren, generalmente se necesita masticar mentalmente sus postulados durante días e incluso semanas hasta que se adhieran a nuestro entramado mental, hasta integrarse como parte esencial de nuestro conjunto de valores.

Cada lectura, cada asistencia a una charla nos exige algo de nuestra parte, nos obliga a formularnos nuevas preguntas acerca de quiénes somos, a rebelarnos contra lo establecido, a replantearnos nuestras rutinas diarias; su vigoroso legado desafía nuestra conducta dócil y pasiva a merced de los rigores de los mandamases de las industrias florecientes en la sociedad de la (des?)información.

Al enfrentarnos periódicamente a la complejidad de diversos problemas se logra un natural fortalecimiento del carácter, también obviamente de la destreza mental. Uno siente cómo su cerebro va resolviendo pequeños acertijos, cómo poco a poco va reclamando más y más nudos que desenredar.  Tal esfuerzo repercute con el  tiempo en una acelerado proceso de madurez psicológica y emocional y en una "amplificación" de nuestros pensamientos, de nuestros ideales.

Uno siente que cada día se vuelve más eficiente, inteligente, creativo, original, etc. Empieza a contemplar metas que antes no hubiera siquiera sospechado. Siente cómo se va transformando paulatinamente en alguien más poderoso; se siente capacitado para derribar muros o saltar sobre ellos como si fuera un gigante dotado de facultades sobrehumanas.

Con el transcurso del tiempo y, después del asistir a cientos de sesiones de brainstorming o tormentas constante de ideas sólo aquellas más sólidas, potentes y evolucionadas son las que sobrevivirán en la mente del estudiante. Llamémosle a este proceso “darwinismo de ideas”. Ideas inútiles, incongruentes, degradantes o ambiguas quedarán relegadas a un segundo plano o serán desechadas.

La velocidad evolutiva (de maduración) de estos individuos puede llegar a doblar, triplicar o incluso cuadruplicar al de un individuo corriente. Sí es verdad que para llegar y mantener esa "velocidad de crucero" se requiere predisposición, tiempo libre, una férrea voluntad y una mente abierta.

La naturaleza de las materias impartidas por los maestros de la "cultura del enfrentamiento" parecen abrirnos la mente como si esta fuera una lata de conserva, añadiendo decenas de conceptos tan lógicos como revolucionarios y que producen una renovación de nuestras creencias y un espaldarazo a nuestra fe en la posibilidad de alcanzar grandes logros
. No encauzan hacia nuevas fronteras ideológicas, hacia nuevos horizontes hasta entonces ocultos a nuestro entendimiento al tiempo que nos proponen metas periódicas que cumplimentar.

Aprenderemos que somos más grandes de lo que creemos.

Todo camino por largo y farragoso que parezca comienza con un primer paso y los enigmas más inciertos, aquellos problemas que parecen irresolubles, dejan de serlo cuando se los divide en múltiples y más pequeños fragmentos. Recuerde, el primer paso para cambiar el mundo se inicia en soledad, en la necesidad de conocerse a sí mismo.


Efectos poderosos sobre el individuo. Carácter

La cultura del enfrentamiento provee de unos conocimientos tan consistentes, tan “potentes”, que en determinados casos pueden resultar agresivos para la estructura ideológica de cualquier alumno, especialmente el de aquel portador de doctrinas fijas o dogmáticas, esas que se adhieren tan firmemente a la mente que luego parece impracticable el hecho de acometer la tarea de disolver ese engrudo ideológico sin sufrir un período de “abstinencia”. Tan energética, que en ocasiones es preferible servirla en pequeñas dosis dependiendo del temperamento y la preparación cultural del sujeto. Aquellos de mente obtusa o creencias fuertemente arraigadas se sentirán desorientados al principio, afectados de manera notoria al ver desplazados sus
cimientos culturales o violentados sus referentes.

Obviamente, no todos asimilarán el mismo volumen de conocimientos ni a la misma velocidad. Efectivamente, al igual que un individuo sano y bien alimentado puede someterse un exigente entrenamiento, otro adicto a la vida sedentaria que se postula como fumador empedernido sólo podría manejar un porcentaje pequeño de la exigencia del primero. El drogadicto, mermado física y psicológicamente necesitaría meses de un sufrido y largo proceso de desintoxicación para poder comenzar a “andar” por sí solo y sin la dependencia de muletas que supone el consumo de estupefacientes. Cuanto más "famélico" el aspirante, más tiempo requerirá de la terapia de exposición regeneradora.

Hemos de comprender que todo aprendizaje requiere esfuerzo y todo confrontamiento con uno mismo exige cierto grado de valentía y una batalla psicológica constante. Los mayores beneficiarios serán jóvenes o adolescentes porque disponen de más tiempo útil por delante y también porque su juicio aún no ha sido violado por muchos de los decretos, preceptos y ridículas chácharas que pululan por el ambiente. No obstante, todos, jóvenes, adultos o personas pertenecientes a la tercera edad, pueden verse favorecidos en mayor o menor grado.

La cultura del enfrentamiento resulta a veces difícil de digerir ya que nos empuja a reconocer nuestros defectos y carencias y nos incita a contemplarnos ante el espejo de manera fría y escrutadora.  Cuando nos damos cuenta de que al analizar los orígenes de los males del mundo nos hallamos dentro de sus patrones, de su radio de influencia, esta cultura nos obliga a revolvernos y a rebelarnos, a despojarnos de aquello que nos vincula con los ogros devoradores del alma humana. Así, hallaremos la manera de inocularnos la vacuna contra esos virulentas toxinas; nos aconseja a contemplar los hechos tales como ocurren, nos enfrenta cara a cara con la cruda realidad, nos alienta a observar de frente los verdaderos monstruos de nuestro tiempo, entre los que se encuentran el hedonismo excesivo, el egoísmo, la indolencia, la pasividad y la ignorancia para reconocer el bien del mal a escala aumentada.

Afortunadamente, esa tarea a largo plazo contiene tintes transformadores: espolea un cambio en nuestra comprensión de las circunstancias, nos vuelve más humanos, más sensibles pero también más fuertes y preparados para asumir grandes responsabilidades.

"La vida es dura" oigo manifestar regularmente a muchas personas. Es cierto que en ocasiones la vida puede resultar un auténtico tormento, pero el nivel de aspereza de los acontecimientos sufridos también depende de cómo reaccionamos ante ellos. La vida se alza como un ogro amenazador sólo si nosotros nos mostramos frágiles y huidizos, si reaccionamos a sus embestidas con la cabeza gacha, aceptando sus puyas y recluyéndonos en nuestras humildes moradas. La vida es dura para los individuos frágiles, llevadera si para los fuertes de carácter y maravillosa si hemos sabido comprenderla y amarla. Si no queremos que la vida nos apabulle con su escabrosidad debemos contemplarla con los ojos abiertos, y blandir el látigo de un fuerte carácter para domarla cuando ruja de forma furiosa. De ahí procede la denominación de este tipo de filosofía: "la cultura el enfrentamiento"


Si estás dispuesto a hacer sólo lo que sea fácil, la vida será dura. Pero si estás dispuesto a hacer lo que sea duro, la vida será fácil


Actitud ante la vida.

Chuck Swindoll dijo: «Mientras más vivo, más me doy cuenta del impacto de la actitud en la vida. Para mí, la actitud es más importante que los hechos. Es más importante que el pasado, que la educación, que el dinero, que las circunstancias, que los fracasos, que el éxito, que lo que piensan, dicen o hacen otras personas. Es más importante que la apariencia, las capacidades o la habilidad. La actitud prosperará o hará quebrar a una compañía, a una iglesia o a un hogar. Lo más importante es que cada día podemos escoger la actitud que vamos a tener ese día. No podemos cambiar nuestro pasado. Ni podemos cambiar el hecho de que las personas actuarán de cierta manera. Tampoco podemos cambiar lo inevitable. Lo único que podemos hacer es jugar con el único recurso que tenemos, y que es nuestra actitud. Estoy convencido que la vida es en un 10% lo que me sucede y el 90% cómo reacciono ante lo que me sucede. Y eso es lo que pasa con usted: somos responsables de nuestras actitudes».

La cultura del enfrentamiento bebe de grandes autores que nos bombardean con ejemplos instructivos ofreciéndonos decenas de extraordinarios consejos para llevar nuestra vida a buen puerto.

Muchas personas notables han superado problemas en su vida.

La mayoría de los más notables pensadores de todos los tiempos tuvieron que pasar por fuego. Bunyan escribió El "Progreso del Peregrino" en una cárcel. Florence Nightingale, demasiado enferma para levantarse de la cama, reorganizó los hospitales de Inglaterra. Semiparalizado y bajo constante amenaza de apoplejía, Pasteur atacaba incansable a la enfermedad. Durante la mayor parte de su vida, el historiador norteamericano Francis Parkman sufrió tan agudamente que no podía trabajar por más de cinco minutos seguidos. Su vista estaba tan deteriorada que sólo podía garabatear unas cuantas palabras gigantes en un manuscrito, pero logró ingeniárselas para escribir veinte magníficos volúmenes de historia».

Entierre a una persona en la nieve de Valley Forge, y tendrá a un George Washington. Resucítelo en una abyecta pobreza, y tendrá a un Abraham Lincoln. Derríbelo con parálisis infantil, y se convertirá en un Franklin D. Roosevelt. Quémelo tan gravemente que los doctores digan que nunca caminará de nuevo, y tendrá a Glenn Cunningham, que estableció el récord mundial en la carrera de una milla en 1934. Hágalo nacer negro o negra en una sociedad llena de discriminación racial, y tendrá a un Booker T. Washington, una Marian Anderson, un George Washington Carver o un Martin Luther King. Llámelo retrasado y de lento aprendizaje, y expúlselo de la escuela por incapacidad, y tendrá a un Albert Einstein. Dolly Parton lo resume todo con estas palabras: «Como yo lo veo, si usted quiere tener el arco iris tiene que soportar la lluvia».

Fuente: "Descubra el líder que hay en usted", John C. Maxwell


Todo el mundo es susceptible de mejora con la C.E.

La mayoría de personas no nacimos con una genética tan presuntamente privilegiada que nos otorgue la posibilidad de emanciparnos como excepcionales en una sola disciplina (¿advierte la contradicción de esta frase?), por tanto esta peculiar filosofía se opone en parte a la especializada, aunque, cuidado, también la complementa. Al no pretender como fin calculado individuos con un solo talento especial ni una inteligencia superdotada se puede aplicar a casi todo el mundo precisamente porque recuerde: cualquiera es susceptible de mejorar en algún (o múltiples) aspectos de su personalidad. Ese es al fin y al cabo el objetivo: progresar día tras día.

Más beneficioso para el destino de humanidad será la presencia de un paria instruido con grandes valores que un héroe materialista cargado de triunfos vacuos, un arsenal de belleza y millones en su fardo.

Una persona con una inquebrantable fe y alimentada por grandes ideales pondrá en evidencia las victorias de todos los pseudohéroes amamantados por doctrinas capitalistas.

Con el tiempo entenderá que se puede ser una excelente persona, un ser sin parangón sin necesariamente haber alcanzado la excelencia en ninguna disciplina concreta. Sí, afirmo que se puede conformar el perfil del una Gran Persona sin haber mostrado galones ni títulos de relevancia. Es decir, un aprendiz de mucho podría traducirse en guía o maestro de muchos expertos de una sola materia. Asegura la educación convencional que "aprendiz de todo maestro de nada", ¿pero acaso no se podría rebatir esta frase con otra igualmente válida: "el maestro de una sola cosa en realidad no sabe nada de nada"? Esta afirmación merecería una explicación más extensa, un capítulo aparte. Lo tendrá a su debido tiempo. Sí le informo que el autor de este blog no resalta como el más sobresaliente en absolutamente nada pero sí es cierto que domina con solvencia múltiples y variadas disciplinas.

Para acometer la hercúlea tarea de contrarrestar muchos de los postulados propuestos por la educación convencional, sobre todo aquellos que no nos fortalecen sino que nos arrinconan como tipos intrascendentes, es necesario, aparte de advertir sus carencias. Luego por otra parte, elegir las referencias adecuadas, regular nuestras fuerzas, someternos a ensayos de prueba y error, también indagar en todo tipo de disciplinas para discernir de forma progresiva en qué lugar encajarnos, y finalmente ser duchos en el arte de definir y marcarse objetivos. El secreto estriba en pergeñar una férrea voluntad, controlar nuestras pulsiones y elegir los guías adecuados. De este modo, iremos  desdoblando poco a poco nuestras innatas o aprendidas habilidades. Este proceso puede durar años, pero resulta tan enriquecedora la tarea de tomarse la vida como un juego, como un reto, con un eterno crecer y crecer hasta llegar al fondo de nuestro ser, que este laborioso proceso no debería finalizar nunca.


Aplicación de todo el conocimiento universal al individuo

Confabularemos al universo para que nos empuje hacia la gloria.


¿Por qué no aplicarnos el conocimiento adquirido durante miles de años de evolución humana a cada uno de nosotros antes que utilizarlos con el objetivo de engendrar dispositivos electrónicos cada vez más modernos y complejos? A la vez que destinamos montones de recursos para permitir vertiginosa evolución  de la tecnología, ¿por qué no dedicamos ese ingente conocimiento científico, esos avanzados saberes en beneficio de un ser humano propio de una "nueva generación" más poderoso, empático y autorrealizado?


A veces uno tiene la impresión de que la tecnología, los coches, los ordenadores y todos los trastos evolucionan (maduran) infinitamente más rápido que nosotros, las personas, que una vez alcanzada la época adulta nos estancamos y nos volvemos rígidos de mente.

Se supone que, teóricamente al menos, nos beneficiamos de todos ese alud de adelantos técnicos y vertiginosa evolución de gadgets, y digo teóricamente porque, ¿cómo es  posible que los estudios sobre la felicidad no hayan verificado un aumento ostensible de la satisfacción individual en las sociedades desarrolladas, que son precisamente aquellas plagadas de artilugios mecánicos de última generación? Más desalentador es comprobar cómo todos los estudios psicológicos inciden en el mismo y triste corolario: no es más feliz quien mayor amor profesa a los objetos ni quien acumula mayor cantidad o aquellos más lujosos. Más aún, parece que la depresión y la ansiedad ocupan los primeros lugares si hablamos de trastornos de amplia incidencia mundial. Con todos estos datos en la mano, uno se pregunta, ¿cómo nos mostramos tan zoquetes de facilitar ese extraordinario desarrollo tecnológico sin atender antes a nuestras necesidades más básicas tales como aquellas espirituales y de socialización con otros "seres animados"? La respuesta es simple: no nos conocemos a nosotros mismos, somos auténticamente ignorantes acerca de nuestra propia naturaleza.

Todo parece girar entorno a los objetos. Si lo piensan bien, somos dependientes de las máquinas, rendimos culto a hombres y mujeres objeto, veneramos a los grandes vendedores de objetos y consideramos auténticos deidades a quienes mejor los manejan tales como los deportistas. El objeto es el centro del universo, se mueve a su antojo, mientras nos vemos reducidos a meros comparsas. ¡Todo gira en terno a ellos!

¿Qué hay de la conciencia global, del amor sin fronteras, de la amistad sin prejuicios, de cooperación entre diferentes etnias o de la solidaridad con los afligidos? ¿Cómo se logra ese sentimiento de eternidad, esa sensación casi mística que nos revela lo maravilloso que es vivir? ¿Qué hay del gran amor, de las aventuras épicas que terminan en abrazos eternos y besos grandilocuentes? Ya apenas aparecen ni siquiera en las películas románticas, films que retratan fielmente la mentalidad de nuestro tiempo y cuyo núcleo argumental se basa en apostarse quien se acuesta con más "especímenes humanos" o quién se "liga" a la chica más guapa. Resumamos, el sueño de un gran amor, más humano, también murió, desterrado por el Poder del Objeto, al tiempo que la conciencia global arroja una mentalidad egoísta que porfía en destruir al competidor más cercano con más fuerza con la que promueve la cooperación por alcanzar un bien común.

En múltiples aspectos de la cotidianeidad nos vemos incapacitados para ofrecer respuestas satisfactorias. Por si fuera poco, no nos caben grandes ideales en nuestra mollera. No podemos asumirlos. No fuimos educados para reflexionar más allá de nuestro ámbito de técnicos especializados.

No todo pinta tan mal, en realidad, tenemos a nuestra disposición los recursos necesarios que como potentes armas nos harán falta para salvar escollos y vencer dificultades, sólo hace falta que alguien realice una labor de síntesis y nos ofrezca los mejores fragmentos de genio de la humanidad. La C.E será nuestro guía, el sherpa que nos conduzca hacia las más altas cotas de perfección humana.

Mi biblioteca: Todo un universo de conocimientos al alcance de la mano. Los más grandes maestros de me ofrecen sus clases teóricas. Siempre los tengo a mi disposición para admirarlos, estudiarlos, pero ojo, también para reprenderles.




Vacío interior y ganchos existenciales.

Nuestra vida se resquebraja llegados a la etapa madura cuando descubrimos que nuestra vida no se asienta sobre cimientos sólidos y estables, si no en fútiles principios que sólo nos sacian de manera esporádica. Al final de cada sesión atendiendo estas artificiales expectativas, volvemos a sentirnos ansiosos, necesitados, prestos para ir en búsqueda de la nueva dosis de gratificantes zozobras. Aquellos consagrados a satisfacer sus incontroladas pulsiones de manera rápida e irreflexiva, pretendientes ávidos de sexo o dinero rápido, amantes de las drogas, abusadores del alcohol, o aficionados por el riesgo sin control, serán carcomidos a la larga por su falta de dominio y control de su propia naturaleza. La persecución de los placeres fulminantes nos abocan una situación de alerta, de estrés y ansiedad y dificultan la reflexión, y la planificación de un futuro a largo plazo.


Al no perdurar en el tiempo, la estulticia existencial regresa, y en la etapa adulta, cuando las fuerzas empiezan a fallarnos, el aliento del abismo se siente como pisándonos los talones. Los seguidores de esta cultura deben como premisa primaria, construir bases sólidas de crecimiento que desafíen a las inclemencias del tiempo. No deben tampoco por tanto fiar su felicidad a una sola actividad, amor a una persona o actividad.

En este aspecto, obviamente no me refiero a mantener relaciones afectivas con varias personas al mismo tiempo. Lo que trato de decir es que cuando un individuo concibe la vida basándose en un par de premisas fundamentales, tales como amar a una persona o mantener un trabajo estable, si estas se tuercen por algún motivo, puede sentir un varapalo tan fuerte como para sumirlo en la depresión más profunda. Por el contrario, los seguidores de esta filosofía disponen de tal número de agarraderas (no todas lógicamente del mismo “tamaño”) que aún perdiendo uno o varios sustentos experimenta una regeneración ante el fracaso mucho más rápida.

Es decir, las personas con un gran amor por la vida y además revelan otras pasiones, constituyen una personalidad optimista, vital, menos dependiente de aleatorios avatares emergidos del caprichoso Azar. En tal caso, es más difícil que se precipiten en el abismo de la depresión o la ansiedad cuando el destino les golpea con dureza.

Si el amor a una persona o la afición por un deporte lo es todo, si lo perdemos, al perderlo “todo”, nuestra existencia malogra su valor intrínseco. En cualquier caso, nos volvemos más dependientes, de tal modo que para mantener ese modo de vida aceptamos tratos humillantes y vejatorios.
 
Y en cuanto a nuestra pareja, se la puede querer apasionadamente, pero si algún día por algún la relación se va al traste, ese día ya habremos madurado lo suficiente como para considerar que el agrio sabor de la decepción es parte consustancial de una vida plena, pieza inevitable para labrar un rocosa autoestima ya que esta proviene, en parte, de sobreponerse a las dificultades; para entonces habremos asimilado sin duda que cuando un fracaso acontece un resquicio de luz se abre en el horizonte y que el mundo se presenta llena de opciones por escrutar, de lugares que explorar, de manjares que degustar, que nuestro amor no debe finalizar en desear a una persona o conseguir un empleo de "alta graduación". ¿Acaso no se puede sentir una gran devoción por la música, la danza, la cultura y otras artes u otras pasiones que enriquezcan nuestra relación?


Ejemplos que configuran a un individuo no dependiente de una sola agarradera existencial.

Veamos, a mí me gusta el fútbol, de hecho fui futbolista durante diez años, aunque hace mucho que no lo practico, me conformo con ver las retransmisiones televisivas. Ahora bien, si mañana dejan de emitir partidos de fútbol en la tele, sustituiría la visualización de estos eventos deportivos por otros por los que también siento interés. Si se cancelara este tipo de emisiones, podría aumentar el número de horas de exposición a documentales de diversa temática o debates de actualidad. Si, por algún motivo me quedara sin televisión, reemplazaría este medio por otro igual,  más entretenido o culturalmente atractivo: Internet. Sin tele, radio o Internet, podría ocuparme en otras experiencias menos hogareñas o enfocarme  en mayor medida a la lectura de libros de toda índole, o quizás a escribir artículos de desarrollo personal. Puedo además decidir entre decenas de deportes para mantener mi estado físico: correr, acudir al gimnasio, practicar artes marciales, sudar en la bici estática, desfogarme con deportes de pelota, etc. Otra idea (y se me ocurren cientos) es acudir a reuniones o eventos como conciertos, conversaciones en grupos de idiomas, de negocios, conferencias, etc. Y por cierto, en cuanto a la fuente de mis ingresos. ¿se creen que he puesto todo “mis huevos en un solo cesto", que dependo de una sola fuente de ingresos? ¡Ni pensarlo!

Al final, como puede observar, los tipos polifacéticos disponemos de muchas más alternativas que los de miras reducidas cuya vida está constreñida por su instrucción especializada, y además porque adolecen de múltiples agarraderas vitales, por tanto son también muchísimo más dependientes y, lo que es peor, fáciles de manipular. Ejemplo claro: un fanático seguidor el equipo de fútbol de sus amores. Eliminen el fútbol de su vida y este pasará a sentirse marginado, infeliz, arrinconado y creerá, al menos por un tiempo, que su vida ha perdido parte del sentido. ¿No les parece una revelación sumamente triste?

Usted podría argüir que ¡no dispone de tanto tiempo para siquiera pensar en estas cosas! En ese caso, yo le rebatiría esgrimiendo que debería haber planificado su vida con la suficiente antelación y precisión para encajar en su rutina diaria variadas actividades que le satisfagan. Pero apuesto a que la mayoría empleó su mayor tesoro, el tiempo, en invertirlo en pasatiempos y discusiones banales (algunos seguramente degradantes) o lo dilapidó reverenciando con fruición los triunfos de otros como si fueran suyos. Quizás ese fuera su mayor error, condonar su tiempo por una mísera dosis de solaz que se difumina de manera tan rápida como fue propagada.

Conclusión.


Si no podemos controlar nuestra naturaleza, nuestras pulsiones, si no somos duchos en conducirnos por la senda correcta, ni la suerte, ni las circunstancias obrarán ese objetivo por nuestra cuenta. Tome el control de su vida, decida hoy lo que quiere ser en un futuro, agárrese a ese ideal, a ese gancho existencial, tire de la cuerda que le una hasta él y no pare de trepar hasta que logre su objetivo. Y, querido lector, hágame, hágase un favor: "Piense en Grande". Hay un gran hombre, una gran mujer esperando sacar a relucir toda su luz, no le niegue esa posibilidad a su yo-infinito. Recuerde, no existen límites salvo los que nosotros nos autoimponemos.

La finalidad: albergar poder interior, autoestima, gusto por la vida y que estos permanezca latentes de forma permanente.




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