Las culturas fracasadas. El talento y la estupidez de las sociedades. José Antonio Marina

Creado: 18/12/2012 | Modificado: 30/1/2013 1171 visitas | Ver todas Añadir comentario



Las culturas fracasadas. El talento y la estupidez de las sociedades. José Antonio Marina

Texto: http://jccubeirojc.blogspot.com.es/2010/11/culturas-fracasadas.html

1. La inteligencia colectiva de las hormigas.
Funcionan eficazmente porque no poseen inteligencia. “La inteligencia tiene un poder disolvente” (Bergson). “¿Es posible que individuos inteligentes y libres, orgullosos de su autonomía, puedan convivir armoniosamente?” “¿Por qué las sociedades toman decisiones que llevan a su autodestrucción?” “Las preguntas nos lanzan a la piscina, pero lo importante es saber nadar, es decir, intentar sobrevivir a ellas contestándolas”.

2. La estupidez colectiva.
“Utilizamos como criterio de evaluación de los bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, unas creencias culturales cuya fiabilidad no hemos comprobado”. Marina utiliza la metáfora del círculo (con un único centro) y la elipse (con dos centros). “Cuando amamos a una persona, nuestro comportamiento tiene dos centros: mi felicidad y la felicidad de la otra persona. No soy egocéntrico ni heterocéntrico. La inteligencia personal es circular.
 


La inteligencia social es elipsoide, depende de muchos centros”. JAM define la inteligencia como la capacidad de dirigir bien el comportamiento, captando, elaborando y produciendo información. Como tenemos un desmedido afán de grandezas, el ser humano ha inventado herramientas intelectuales poderosas para escapar de las trampas: el lenguaje, el sistema numérico, las creencias, las instituciones, las religiones.

”La inteligencia humana es social en su estructura y en su funcionamiento”. Hace 200.000 años, el cerebro se transformó en el de un ser social, capaz de crear cultura y transmitirla. “La interacción desencadena un dinamismo ascendente o descendente. Nos ennoblece o nos encanalla”. “Sólo hay inteligencias individuales, y llamamos “sociedades inteligentes” a las que favorecen la aparición de poderosas inteligencias individuales y de modos deseables de vivir”.

3. La interacción.
“Al principio, la gente fueron dos” (Antonio Mingote). La tensión entre el individuo y la sociedad se resuelve desde el individualismo (“No existe lo que llamamos sociedad; sólo existen los individuos”, Margaret Thatcher), el totalitarismo (“El Estado lo es todo. El individuo no es nada”, Mussolini) y lo sistémico (la sociedad es una estructura con propiedades sistémicas cuyos componentes son los individuos). La conversación como muestra de inteligencia social. La inteligencia compartida se manifiesta en dualidad y produce ocurre ocurrencias. “El deseo espolea las ocurrencias”. El amor lo definía Kant como “tomar como propios los fines del otro”. Al tratar la inteligencia compartida amorosa, Marina ineludiblemente cita a John Gottman.

Inteligencia de las familias, inteligencia de los equipos, capital social de una ciudad (Richard Florida): la necesidad de sobrevivir, de disfrutar, de vincularse socialmente y de ampliar las posibilidades vitales. “Los problemas compartidos tiene que resolverlos la inteligencia compartida”.
 

4. La cultura.
“Una cultura es un cuerpo complejo de normas, símbolos, mitos e imágenes que penetran al individuo en su intimidad, estructuran los instintos, orientan las emociones” (Edgar Morin). La cultura tiene dos requisitos: ser colectiva y de cierta duración.

La cultura jerarquiza los problemas (First things first, dirían algunos) de una manera propia: soluciones comunitarias a problemas universales. “Mentar a una cultura es como mentar a la madre”.
 


5. Sociedades inteligentes y sociedades fracasadas.
“Inteligencia social es la capacidad que tiene una sociedad para resolver los problemas sociales creando capital social y ampliando las posibilidades vitales de sus ciudadanos”. Las sociedades fracasan por tiranía, excesiva ambición, incompetencia o decadencia, locura o perversidad (Barbara Tuchman, The march of folly). Sabemos desde Aristóteles que el tirano, para preservar su poder, envilece el alma de sus súbditos, siembra entre ellos la desconfianza y/o les empobrece. La corrupción es un gran síntoma de las sociedades fracasadas, así como los “gorrones”.

6. El aprendizaje de la cultura.
“a través de la educación, la sociedad transmite a sus niños un kit de herramientas mentales, elaborado durante su evolución cultural”. Las ideas, como diría Ortega, se piensan; en las creencias se vive. Son las memes de Richard Dawkins, similares a los genes. Dominique Moïsi, en su La Géopolitique de l’emotion, agrupa las naciones en tres emociones imperantes: la esperanza (China, India), la humillación (países árabes) y el miedo (Occidente). “Manejar los sentimientos es uno de los modos de ejercer el poder”. Una de las características de una buena inteligencia compartida es provocar un clima social estimulante y agradable. En el centro, la confianza.

7. Personalizar o despersonalizar.
La cultura occidental ha ido hacia la “individualización” (Ulrich Beck). En el otro extremo, la masa como hipersocialización. Ortega, nos recuerda Marina, no hablaba de la masa sino de la vulgaridad: “Un ser al que se le ha permitido la libre expansión de sus deseos vitales y cree que no debe nada a nadie. En suma, un ser dominado por una ‘radical ingratitud’, por un olvido de su genealogía, de su etimología”. El gran reto cultural del momento es “fomentar un modo de ser sujeto capaz de superar el concepto de libertad desvinculada, y de encontrar nuevas fuentes de posibilidad –es decir, de esperanza- en la relación con los demás”.

8. La invención de las normas.
“Toda sociedad ha creado una moral de igual forma que ha creado un lenguaje, un arte, una ciencia, una religión, una política o un sistema moral acorde a sus valores”. JAM pone el ejemplo de Singapur, con sus “valores comunes”. Y divide las normas entre generadas jerárquica o espontáneamente, racionales o no racionales. Normas espontáneas no racionales (como la prohibición del incesto), espontáneas racionales (el comercio), jerárquicas no racionales (las normas religiosas) y jerárquicas racionales (la legislación).

9. La evaluación de las normas.
las normas evolucionan por un cambio en las creencias. “Me gusta llamar ética a la moral transcultural, universal, que la inteligencia social de la humanidad podría elaborar si consiguiera liberarse de sus grandes obstáculos”: la pobreza, la ignorancia, el miedo, el dogmatismo y el odio al vecino. “La ausencia de miedo permite la toma de decisiones. La liberación del dogmatismo, la acción del pensamiento crítico. La liberación del odio al vecino, abre paso a la cooperación y la generosidad”. Para evitar el pensamiento crítico, los sistemas culturales se valen de la identidad social, de las emociones y de la habituación (nos podemos acostumbrar a todo). Es la banalidad del mal y la fragilidad del bien. “El ser humano es un animal inteligente dotado de dignidad, y de esa dignidad se derivan derechos humanos”:

10. Epílogo: “La inteligencia creadora resuelve problemas.
Y eso debe ser fuente de esperanza”. En lugar de lamentarnos y autojustificarnos, ser protagonistas de nuestro destino (principios éticos, capital social de una pareja, de una familia, de una ciudad, de una nación).

Una vez más, José Antonio Marina, desde la erudición y la reflexión, pone el dedo en la llaga de lo que nos está pasando, y lo que es más importante, nos enseña cómo salir del atolladero. JAM dice que escribe no para enseñar, sino para aprender. Y con él aprendemos sus lectores. Gracias, José Antonio, por esta labor pedagógica.



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